29 de Abril del 2012 a las 6:54 PM 

Cuenta la mitología griega, que el bello Paris, hijo menor de Príamo -rey de Troya-, fue elegido por la diosa Discordia para proclamar a la más bella de las diosas del Olimpo. Le entregó para tal enredo, una manzana dorada que sería el reclamo urdido para reconocer  a la diosa seleccionada. Recayó la elección-y la manzana- en la sensual Afrodita, quedando las aspirantes Hera y Atenea, muy enojadas por el resultado que las excluía del rango de  beldades deísticas. Ni que decir tiene, que el celoso y femenino enfado acabó mal; desembocando en una espantosa guerra que se llamó de Troya.

Sabemos por la modernista historia arquitectónica de Barcelona, que  en los albores del pasado siglo XX, los edificios del recién estrenado Paseo de Gracia, se convirtieron en escaparates del gusto, la riqueza y ostentación de la burguesía catalana. Todos los patricios capitalinos procuraban disponer de su propio edificio en la arteria más ancha, aireada e higiénica de la ciudad.

Destacó a tal efecto y sobremanera, la manzana de casas incardinada entre Consejo de Ciento y Aragón, en sentido montaña. Como si una nueva treta de la diosa Discordia se tratara, los más famosos arquitectos del momento recibieron el encargo de remodelar los edificios construidos allí en el último tercio del siglo XIX. Doménech y Montaner en la casa Lleó Morera; Sagnier para la casa Mulleras; Puig y Cadafalch para la casa Amatller; y Gaudí para la casa Batlló.

Tanta genialidad arquitectónica compitiendo acabó por bautizarse como en tiempos del joven Paris, la “manzana de la discordia”, con provocadores comentarios; sañudos dimes y diretes, o con rifirrafes dialécticos para todos los gustos. El reconocimiento al mérito oficial lo obtuvo la casa Lleó Morera de Doménech y Montaner, que se alzó con el premio del ayuntamiento de 1906, aunque fue Gaudí con sus escamados  espinazos de dragón; y  sus curvas, retorcidas y fantasmagóricas osamentas, el que causó más rechazo y  casi al mismo tiempo, curiosidad y sensación.

Ha servido la casa Batlló -106 años después- de digno y noble marco  para la presentación de los vinos del nuevo Penedés. Se trataba -como es lógico-, no de reiniciar la disputa de la “manzana de la discordia” entre ellos, y mucho menos de galvanizar la guerra de Troya;  sino por el contrario de aprovechar las sinergias publicitarias y económicas de los elaboradores y firmas que componen la DO.

Sostienen, y no les falta razón, que la proximidad del Penedés a una gran urbe como Barcelona y su poblado entorno  metropolitano,  tendría que ser –en buena lógica- el mercado natural para los vinos tan magníficamente expuestos en los curvos y gaudinianos aposentos del Paseo de Gracia.

Tratan así,  los ahora esperanzados elaboradores, de ofrecer y dar a conocer las novedades autóctonas y las mejoras alcanzadas como vacuna contra los enquistados virus de la “riojitis” perenne, o la pertinaz gripe de “rueditis” y “riberitis” galopantes.

De un tiempo a esta parte y año tras año, los vinos del Penedés mejoran de forma evidente y continuada. Aquellos blancos melifluos, ligeros, saltarines, anémicos y adolescentes, del próximo pasado son historia superada. Bajo el pabellón del Xarel-lo, empiezan a desfilar vocablos antes desconocidos: estructura, nervio, vigor, complejidad y madurez. Síntomas, sin duda, de un esperanzador cambio de ciclo.

No son ajenos los tintos del Penedés a los nuevos vientos. Aunque el avance sea bastante menos evidente que en sus hermanos blancos y rosados. Sin duda, el lastre y la dependencia de los varietales foráneos grava pesadamente su actual personalidad, un tanto anodina, bronca y repetitiva. Con todo, las vendimias y vinificaciones actuales han mejorado de forma muy sustancial, casi, casi irreconocible!

Quedan todavía muchas cosas por hacer para mejorar los vinos tranquilos que nos ocupan. Bajar rendimientos por ha; aumentar la densidad de plantación para generar la competitividad entre cepas; apisonado o leve labrado de las viñas para dificultar el exceso de vigor en las plantas; maduraciones controladas y correctas; disminución de la vegetación para disminuir las pirazinas… Evitar largas colas  de tractores esperando descargar remolques de uvas recalentadas y fermentando. En fin, que si además se recuperan los varietales autóctonos casi extinguidos, y se trabaja con afán y hombro con hombro en la promoción de la marca Penedés, en lugar del clásico y devastador “campi qui pugui” y el  nefasto “haz la guerra por tu cuenta”, se estarán sentando las bases de las uvas de la concordia… porque manzanas de la discordia ya hemos tenido bastantes!

Jesús VELACORACHO.

Abril 2012

Nota: Aunque caté -esta vez- sólo unos pocos vinos, la impresión general me resultó más que notable… Espléndidos los Xare-los de Pardas y Casa Ravella. Espectacular éste último. Magníficos los rosados y blancos  jóvenes de Vilarnau. Acertados y golosos los vinos jóvenes de Covides. Finísima la Montonega de Mas Rodó y su tinto de cuidado acento bordelés. Los Albet y Noya en guiño permanente con el acierto. Atinado el tinto 2005 de Can Feixes y seguro que muchas cosas más que me perdí. ¡Gracias a todos!

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 29 Abr 2012 @ 07:54 PM

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Categorías: De todo un poco


 

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