“Por Santiago y Santa Ana, pintan las uvas; por la Virgen de Agosto ya están maduras”. Reza así, un muy popular pareado solanero, que es en verdad, a la par que repetido, atinado y ancestral.
Recuerdo, no obstante, haber probado maduras uvas de airén por la Fiesta Mayor de La Solana, que cumple por las mismas fechas, -con su patrono apóstol-, la condición de feriadas. Las uvas tan anticipadamente precoces, las trajinaba un conocido de mi padre al que, -con tan tosca y bárbara, como poca generosa piedad-, apodaban “el Tronchao Guisa”, supongo que por el contrahecho infortunio que debió sufrir en su nacimiento.
Tengo además, el recordatorio amable de mis matinales; agosteñas y adolescentes excursiones en bicicleta, al para mí entonces lejano, pero fresco y sombreado Peral, con su herrumbrosa fuente de agua agria y al más cercano pero áspero, y a menudo agostado, caudal del Azuer. Sostengo, que en aquel tiempo, todavía; aunque borde y menguado, llevaba agua…
Aprovechaba de paso, en los repechos, para cortar algún sombreado racimo de las viñas aledañas a la carretera, de tersas, cerúleas y aún ronchonas uvas, pero ya prometedoras; anunciadamente dulces.
Poco o nada sabía yo, entonces, a mis trece o catorce años, de varietales, filoxeras, pies francos o injertos. Alcanzaba mi muy escasa ilustración ampelográfica, a los rudimentos elementales de quien ha nacido en un inmenso mar de viñas: Que había blancas y tintas, que teníamos unas cepas que daban recios racimos de uvas rosáceas que mi padre “curaba” en aguardiente y otras más curiosas llamadas “Teta de vaca”, que mi tío Manolo Plaza, me procuraba algunos años.
No mejoró en mi primera juventud manchega, mi torpe condición de conocedor vitícola y tuvo que ser mi ingreso, como joven yerno forastero en una cumplida, cabal y antañona familia catalana, lo que despertó mi afición por el apasionante territorio de la viña y el vino.
Mi iniciación en tan curioso como animado mundo, la llevó a cabo mi suegro, el Sr. Ramón, que fuera socio fundador de la Academia Sant Humbert Tastavins; secretario del Museu del ví y creador de la muy culta, revista Dyonisos; amén de articulista de la “Semana Vitivinícola”; todo ello en la muy enófila capital del Penedés, Vilafranca.
El laborioso afán innovador y creativo del campesinado del Penedés, me permitió, conocer anticipadamente las tendencias, envites, aciertos y fracasos que su curiosidad y apuesta por lo novedoso y francés, despertaban.
Cabernet Sauvignon, C. Franc, Merlot, Pinot Noir, Tannat, Petit Verdot, Syrah, Marcelán, Arinarnoa, Malbec, Caladoc, se convirtieron como por ensalmo, en mejorantes varietales tintos. Mientras los Sauvignon Blanc, Riesling, Incroccio Manzoni, Chenín Blanc, Gewursztraminer, Trebbiano, Verdejo y Albariño, fueron adoptadas como varietales foráneos que aumentaran las posibilidades de los cupages en los vinos de sus respetadas cepas autóctonas.
Conversé con muy escaso éxito, durante largos e inmovilistas años, con viticultores manchegos que tenían párvulo interés por su oficio, y aún hoy, sólo persiguen el discutible interés de los kilos conseguidos, aunque sea desecando los acuíferos y condenando a la desertización a su propia tierra.
Sigo apostando, terca e infructuosamente, por mi patria chica y hago desde mi modesta condición, guiños perpetuos por su mejora. Supongo que todo es empezar…
Hace unos días, repasando anuarios y estadísticas sobre la arribada de la filoxera en 1910, a nuestra tierra, descubrí el capital autóctono, genético y varietal del que disponíamos en 1.912. De paso, lo compararé con el que disponemos cien años más tarde. Como la copla de Rafael de León que racialmente cantaba Lola Flores, da… ¡¡Pena, penita, pena!!
Varietales tintos manchegos 1.912.
Cencibel, Monastrell, Moravia, Negral, Bobal, Botón de gallo, Velasco, Crujidera, Chumago, Mechín, Rucial, Garnacha colgadera, Piñuelo, Borrachón
Varietales blancos manchegos 1.912
Pardilla, Jaén, Valdepeñera, Airén, Valenciana, Ben, Almanseña, Malvar, Gordala o Gordal, Torrontés, Moscatel, Cirial, Verdal, Abubilla, Albilla, Teta de vaca.
Varietales manchegos autóctonos 2.011
-TINTOS-
Cencibel, Monastrell, Garnacha tinta, Bobal y Moravia.
-BLANCOS-
Airén, Albilla, Garnacha blanca, Macabeo? (sic), Moscatel.
Varietales foráneos aclimatándose 2.011
Mazuelo, Mencía, Graciano, Alfroceiro Preto, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Barbera, Cabernet Franc, Verdoncho? (sic), Verdejo, Sauvignon blanc, Chardonnay, Riesling, Gewurztraminer, Muscat G., Menudo, Petit Verdot, Primitivo.
Como veis, en 1912 disponíamos de catorce varietales tintos y de dieciséis blancos, todos ellos autóctonos. Cien años más tarde nos quedan, ¡cinco tintos y cinco blancos, alguno discutible!, como material genético ancestral. Eso sí, hemos emprendido una cruzada paneuropea que desvirtúa la tipicidad de nuestros tintos y que en el caso de los blancos,-excepto contadas singularidades-, será un fiasco. Nuestro tórrido clima veraniego y el efecto invernadero se encargarán de ello y me darán la razón. Eso o nos dedicamos a vendimiar los varietales blancos, de finales de Julio a principios de Agosto, para obtener vinos adolescentes, o como mucho, jóvenes.
Va a resultar, cuarenta y cinco años más tarde, que el infortunado conocido de mi padre y yo, sabíamos que el repetido refrán pareado, con el correr de los tiempos, se…¡¡adelantaría!!
Jesús VELACORACHO. Primeros de Agosto 2011
Nota: La información del capital de varietales autóctonos manchegos de 1912, está extraída de los trabajos sobre ampelografía nacional, de Nicolás García de los Salmones, paciente, abnegado e ilustre sabio.
Es, por otra parte, bien curioso, que de las 1576 especies varietales que hay registradas en toda España, sólo se cultiven en mayor o menor medida, 174. Pero es más curioso aún, que únicamente, ¡¡9!! varietales, sostengan el 80% del territorio vitícola plantado en nuestro país, siendo la Garnacha en tinto y con diferencia, la resignada pero anodina, Airén, en blanco, las campeonas en cuanto a has cultivadas… Adivinan, ¿Cuál es la cepa más plantada de La Mancha y por ende, de los límites de La Solana…?