30 de Junio del 2011 a las 6:10 PM 

Tengo, una tan reconocida y firme como probada y manifiesta afición,  al cultural y celebrado mundo del vino. Es más, confieso no sólo una debilidad, sino también un notable fervor de converso, -devoto e inquebrantable-, por tan lisonjero y agradecido como complaciente y atinado bebedizo.

En el más común de los supuestos, hubiera contemplado, que se pensara en mí, para honra y solaz del vino nuestro de cada día, pero mira por donde, resulta que ésta vez, se me encarga el reto de concebir y dar forma a la muy original idea de no hablar del contenido, sino a la  historia y desarrollo del continente.¡¡ Y ahí estamos!!

Que la civilización y cultura del vino, viene de muy, muy antiguo, es cosa bien sabida y que su guarda e intento de conservación corrieron paralelos, no sólo es razonable sino incuestionable y a todas luces lógico.

Los más atrevidos y audaces autores con la presumible edad del vino, son por descontado los franceses; que además lo hacen propio y –teoricamente- lo documentan. Jean de Kenderland en “Civilización lacustre de la desembocadura del Ródano”, se empecina en defender guardas sistemáticas de vino desde hace al menos 12000 años!. No le va a la zaga su paisano, Camille Jullian, que menos liberal con los milenios y en su “Historia de la Galia”, se conforma con unos más menguados 7000 años. Lógicamente fechados en su dulce Francia natal.

Que el chauvinismo francés es indómito e irredento, y no es materia de este ensayo, lo sostengo. Y las discusiones estériles y bizantinas que desatan, ya puestos, pues también.

Lo que sí está probado mediante la técnica del C-14, son los restos de cerámicas con curvaturas de notables dimensiones, no torneadas que aparecieron en las riberas del Mar Caspio y cuya datación se incardina entre 5000 y 7000 años A. C. Son éstos, territorios endémicos de la Vitis Vinífera, cercanos al Cáucaso y Persia, presumibles zonas de cultivo, asentamiento y propagación de la vid.  Para mayor abundamiento, los sedimentos enquistados en los trozos de las paredes de barro cocido, son sustancias derivadas de la guarda del vino.

Metidos ya en faena, y sabiendo que en el museo de Tbilisi, capital de Georgia, existe un”kweuri” –cántaro- bien conservado cuya datación al C-14 se dilata hasta los muy remotos 6000 años A. C. tenemos fundados motivos para pensar en que fue la cerámica de porte medio, cuasienterrada, de panzudo y fresco vientre, con brocal de cuello estrechado, el  más  afortunado método de guarda del rústico y primitivo vino. Turquía, Armenia, Georgia, Iraq e Irán, aportan en sus excavaciones arqueológicas, nuevas y bien documentadas pruebas de la existencia de estos restos cerámicos por toda su área de vertebración e influencia.

La poderosa y omnipresente civilización egipcia, no sólo conoció el vino, sino que le dio un  prominente y claro lugar de privilegio dentro del selecto sistema de nobleza protofaraónica.

Reclama Plutarco de Queronea, la paternidad del vino, para éste sesudo y afanoso pueblo y por su antigüedad bien pudiera ser. Con todo, me asaltan serias dudas, cuando nos cuenta, que en la construcción de las pirámides, los esforzados canteros podían beber, amén de cinco clases de cerveza diferentes, cuatro tipos de vino: de granada, de dátiles, de higos…y de uva, que yo supongo ajenas a la vitis vinífera. Termina el ilustrado Plutarco estropeándolo todo, cuando afirma que fue el dios Osiris, el que dio a conocer el invento del vino a los hombres.

Existen en la necrópolis de Sakkarah tumbas principales con decoración de laboreo de la vid, con vasijas cerámicas que contuvieron vino para el más allá del difunto. En Ábydos, Alto Egipto, en la tumba del faraón Escorpión, se hallaron 700 jarras que contuvieron 4500 litros de vino, que según el eno-arqueólogo, Guillaume Colet, eran de procedencia mayoritaria hebreo-palestina. No obstante, sabemos que pese a estos formidables hallazgos, fueron los egipcios y mesopotámicos, pueblos adictos a la más barata y humilde cerveza, antes que al ritual, aristocrático, sacerdotal y faraónico vino.

No debió, sin embargo; ser ajena la vitícola tradición, ni sus picardías, cuando el código de Hammurabi de hace 3750 años, ya castigaba severamente a los que adulteraran el vino acadio-mesopotámico, al que, curiosamente, añadían dátiles y semillas de sésamo.

La floreciente cultura mediterránea, minoica, helénica, hebrea y fenicio- púnica, fueron las trasmisoras al primitivo occidente, tanto del cultivo, comercio, como de la guarda, conservación y mejora de los vinos.

Los Pithoi, aquellas grandes tinajas que semienterradas abastecían de vino el monumental palacio de Knossos, con el añadido de los dolum, ánforas y ritones griegos, con sus cráteras de fina y decorada cerámica, encontradas en Siracusa, Agrigentum, Neapolis, Massalia y Emporión, hablan de su periplo. También las  pesadas y mostrencas orzas fenicias que colonizaron con el dulce vino póntico, la Bética, ya en tiempos de Argantonio…

Tuvo la cerámica un peso formidable y esencial tanto en el transporte y comercialización, como en la guarda y mejora de los vinos de los primeros milenios. Hasta los prácticos y sesudos romanos, adoptaron también en sus cellas vinarias, el inveterado e indiscutible invento.

Los ricos asentadores comerciales del Imperio, Umbricius Scaurus de Pompeya y Clodius Athenius de Roma, movían en el siglo I d. C. naves e ingentes cantidades de ánforas y dolia con vino, aceite y garum de todos orígenes, latitudes y  denominaciones.

Fueron sin embargo, los celtas galos, los hábiles inventores del barril con duelas de madera y cinchos. Tan sencillo artificio tuvo en principio, el cometido de ser continente de su ya extendida y humilde cerveza. Nos revela, el mismísimo Julio César en su “Guerra de las Galias”, que acude a los novedosos barriles, eso sí, llenos de vino, para que remontando el Ródano, animen el exangüe espíritu bélico de sus legiones enfrentadas al caudillo local, Vercingetorix. Un siglo más tarde, el claro relieve de la estela funeraria de un tabernero emeritense, exhibe sin discusión posible y en remotas tierras lusitanas, la presencia normalizada de los adelantados y  aceptados barriles.

La ligereza, movilidad, facilidad de transporte, estanqueidad, posibilidad de reparación y almacenaje, fueron los detonantes del éxito colosal del nuevo y extendido recipiente.

La madera había ganado, de momento, la partida a la fresca, higiénica e intemporal cerámica. Castaño, roble, sabina y ciprés, se convirtieron  en peana de cubas,  barriles y toneles; mientras, atentos, los maestros toneleros afinaban el resultado obtenido de la guarda de los vinos.

La relativa temporalidad de la madera, y su fugacidad como recipiente mejorante, la forzó a convivir con su no del todo derrotada contrincante; si bien para nosotros, la cerámica dejó huella posterior y por el contrario la madera nos brindó el sordo vacío de centenares y centenares de años sin el menor atisbo de información.

El serio problema del transporte sin cabotaje y no ribereño y la muy atractiva y rentable comercialización, obligó a avivar el ingenio de los siempre avispados y audaces vinateros. Como quiera que la orografía y las vías abiertas permitían escasas alegrías, incluso para los recién incorporados barriles, se recurrió a unos recipientes más elásticos, ligeros, flexibles y… amoldables: los zaques, odres, cueros, pellejos y las henchidas corambres.

Las recuas, reatas y caravansares fueron durante largos y adustos siglos el más ágil y eficaz  servicio de distribución, almacenaje y  reparto entre los territorios montaraces y los portillos agrestes,  alejados de ordinario también del beneficioso arribo por  los ríos caudales.

 Tampoco dejaron, estos arrieros y sus onerosos métodos, testimonio perenne de su larga, ruda y esteparia existencia… Fue finalmente, el oportuno asentamiento de monasterios y abadías donde recaló no sólo la espiritualidad y la cultura, si  no también el arte de cultivar, hacer y conservar el vino. Las prensas, lagares, barricas, depósitos en roca y enormes fudres de madera son la beatífica aportación de la “amablemente beoda” Iglesia, al mundo báquico y pagano. No debió ser cuestión baladí, el comprensible y encendido entusiasmo frailuno por la animosa reconversión, ya que hubo monasterios con apilados y numerosos bocoyes, almenados por imponentes fudres de más de 2000 arrobas de vino, que con pertinaz dedicación, destinaban -en teoría- para consagrar…. ¡¡ A buen seguro de que consagraban mucho!!  Por lo menos tanto como  al obispo de Poitiers, aquel glotón, borrachuzo y rijoso, que fue Venancio Fortunato, que ya disponía de delicados jarrones de vidrio para escanciar los vinos que convenientemente diezmaba a su ingenua feligresía.

Tuvo Carlomagno, un papel esencial en la reordenación del tejido eclesiástico y feudal del Sacro Imperio Romano-Germánico, que es tanto como decir de media Europa. Tras él, los nobles y señores de la guerra, encastillaron sus feudos dotándolos de notables extensiones de viñedo y por ende de bodegas y “cellas vinarias”. Es la época del desarrollo de la cantería, tanto para proteger monasterios y catedrales y de paso robustecer fortalezas, como para realizar impermeables depósitos de sillería que con su milimétrica precisión impedían la pérdida o mengua de tan apreciado fermento. Tenemos en el Penedés, algunos de esos receptáculos de los siglos XIII y XIV. Fueron, por el contrario, mucho más numerosos y económicos los depósitos subterráneos llamados “cups” que se extendieron con profusión, durante varios siglos, por la geografía donde la industria tinajera tuvo poca presencia y relevancia.

 Los primitivos, eran pozuelos como aljibes cavernosos y estancos, enlosados con baldosas de cerámica vidriada en crudo, es decir, arrojando a la cocción candente del horno notables cantidades de sal. Se conseguía con tan precaria técnica, una cerámica vidriosa, duradera, de grosor vítreo variable, inalterable y resistente a los ácidos. Con el tiempo, los “cups” derivaron en formidables y asépticos depósitos que siguieron vigentes hasta bien entrado el siglo XX.

Sabemos que la grandes ciudades del comercio vitícola, adoptaron muy tempranamente los eficacísimos, pero fugaces para la historia, barriles de madera, sobre todo de roble. El mercado y demanda de los vinos de Burdeos con destino británico y los de Borgoña a Alemania y Países Bajos, alcanzó tal volumen y avidez que desforestó los bosques endémicos del Garona, Dordogne y Vosgos, y de paso creó en las tierras sagras, nuevos viñedos vecinos a la Burdigalia romana.

Un avispado ministro francés de finanzas, Colbert, implantó en 1670, la reforestación de los bosques de Auvernia, del Tronçais, Nevers, Borbonnais y Allier, desarrollando una potentísima industria maderera de aparente aplicación naval, pero que sentó las bases, a buen seguro, de una reconocida y afamada tonelería.

La primera sistematización tinajera y comercial de la que tenemos noticia, se documenta en El Toboso, en los años crepusculares del reinado de Felipe II.

 Tenemos fundado conocimiento sobre la industria de la tinajería del reino, por la Real Pragmática sobre el precio de las tinajas de 200 arrobas, redactada en 1627, en los aún prudentes tiempos de Felipe IV.  

Fue, sin embargo, Villarrobledo la vecina del muy cervantino El Toboso, el mayor polo de desarrollo tinajero de Europa durante los siguientes cuatro siglos. Hasta setenta y dos hornos de alfar tuvieron continuada actividad y presencia en la arcillosa planicie de la población manchega. Un exhaustivo Catastro de Alfareros y Tinajeros publicado por el Marqués de la Ensenada en  1753, concita en aquellas fechas la muy notable cifra de 43 alfares, que para una todavía muy modesta población debió ser una más que potente y desarrollada actividad manufacturera. Un documentadísimo estudio de la doctora  Mª Dolores García Gómez, es referencia y muestrario de la relevancia, desarrollo, alcance y comercio de tan histórica como provechosa y secular industria.

La actividad prosiguió, fecunda, durante muchos años en la localidad albaceteña, alcanzando su esplendor hacia el último tercio del XIX y  primeras décadas de XX, para decaer, languideciendo continuadamente, ya en las décadas siguientes, ante la económica alternativa del monstruoso volumen del omnipresente hormigón

Tenemos, por otra parte, fehaciente constancia de la existencia de frascos, perfumadores y ungüentarios de vidrio durante el milenio anterior a Cristo. Los sabemos situados -según Plinio- en el Egipto faraónico y en la Siria medo-persa y estarían concebidos sobre moldes de arcilla y sus volúmenes serían de muy párvula capacidad. La aparición de la caña de soplado para el vidrio, en Fenicia, durante el siglo anterior a nuestra era, mejora y abunda los volúmenes de los recipientes así obtenidos, pero que aún mantienen por su escasez, un marcado corte elitista y unas características de suntuosidad ostentosa, casi de objeto de lujo. Con todo, existió  a partir de la Roma de los Flavios, la figura del “ampullarium”, menestral que recubría de cuero las garrafas y “ampullas” que los patricios disponían frescas en sus opulentas villas.

La isla de Murano el la Venecia del siglo XII, sistematizó la elaboración de garrafitas mediante la técnica del soplado del vidrio. Consiguió con ello, popularizar relativamente, los primeros recipientes que empezaron a tener la función de contener los vinos en los servicios de la mesa. No eran propiamente todavía botellas, pero se ampararían en el sentido amplio del concepto.

Durante el renacentista “Quattrocento”, aparecen ya de forma comercial, las pequeñas garrafinas de Chianti, irregulares, de vidrio soplado y recubiertas de paja…  Antesala ancestral y manifiesta del primer vino con reconocimiento de… ¡¡embotellado!!

Fue sin embargo, una razonable y real prohibición, la que nos condujo a la obtención de la primera botella. Jacobo I, rey de Inglaterra, ante la deforestación y merma de los bosques ingleses, y frente a la envergadura de su colosal y estratégica política naval, prohibió la utilización de madera en todas las industrias. Sir Kenelm Digby, que disponía de una fábrica de vidrio desde 1640, alimentada con turba y madera, se vio obligado a sustituir los combustibles tradicionales –y escasamente calóricos- por carbón de hulla, cuya combustión oscurecía, pero aumentaba muy ventajosamente la temperatura de fundición de la masa vítrea y con ella la dureza, temple y modularidad  del buscado producto final:¡¡ la botella!!

Conocemos las dificultades que acontecieron hacia 1695, a Dom Perignon, para domar el bravío embotellado del champagne y –suponemos- el de su primo hermano, el blanquette de Limoux, con la dificultad añadida del desconocimiento del “dosage”. Sin embargo; disponemos sobre el dominio alcanzado por su beatífica técnica, del registro en un magnífico cuadro, “El almuerzo de ostras” de Jean-François de Troy, fechado en 1737, en el que, al margen de los afrodisíacos bivalvos, son las confiadas alturas alcanzadas por  los taponazos del champagne, el chispeante y atronador tema del mismo.

La estética, coloreado y formato de las valiosas –y recuperables- botellas, varió en función de los gremios comerciales en sus respectivos territorios, siendo un indicativo de diferenciación visual, más que de una supuestamamente presumible, pero indemostrable ventaja. 

La sistematización, desarrollo, abaratamiento, higiene y aceptación de la botella, condujo a la creación  de Sir Kenelm Digby a su expansión y difusión planetarias, siendo hasta la fecha el vehículo más extendido como receptáculo amanoso de los vinos.

Una de las curiosidades en la guarda y mejora de los entonces muy caros Madeira y Malvasía canaria, es el ahora poco conocido “vino de roda”, que para disfrazar sus, a menudo, discretas calidades y en épocas de mucha demanda, recorrían el trópico a Cabo Verde o a las Indias Orientales, para después a la vuelta, recalar convenientemente envejecido en las sedientas Londres o Amsterdam.

Una de las joyas de la contención y guarda de los vinos catalanes,-al margen de Can Codorniu de Puig i Cadafalch-, en los albores del siglo XX y durante su primer tercio, fueron las espectaculares, noucentistas y prácticas, bodegas sindicales o cooperativas llamadas con fortuna “Las catedrales del vino”. Constituyen la formación, una pléyade cercana a la cincuentena de edificios de armoniosa y esbelta planta, de mayor o menor porte o envite, en función de las necesidades de producción y almacenamiento  vinatero de los socios cooperativistas. Están incardinadas prácticamente todas en Cataluña, con algún asomo por Valencia, Aragón y Mallorca y son en su mayoría obra de un arquitecto que hizo de la párvula economía payesa y de su necesidad, virtud: César Martinell i Brunet y en algún que otro caso, contando con más posibles y buscando ser más pretenciosa y efectista que práctica, las firmadas por el hijo del ubérrimo Domènech i Montaner, el también arquitecto Pere Domènech i Roura.

No fue ajeno al movimiento arquitectónico suscitado, la figura caudal del ingeniero industrial; perito agrónomo y mentor de la estación enológica de Vilafranca, Isidre Campllonch i Romeu, vilafranquí conspicuo, que fundamentó con conocimiento y rigor las necesidades esenciales de las bodegas y aún de los más nimios detalles de concepción de las justamente llamadas “catedrales del vino”.

La provechosa relación establecida entre Martinell y Campllonch, determinaron un estilo personal, austero en materiales, práctico, sobrio y muy a menudo repetitivo, por lo demostradamente eficaz  del diseño.

Hileras sencillas o dobles de depósitos de hormigón de 300 a 350 HL, separados por un espacio que permitiera manejar entre ellos un bocoy, con una altura de descube al suelo de 120cm y un voluminoso contenedor de agua elevado para imprimir por gravedad, presión a la limpieza de prensas, cubas, depósitos y maquinaria.

La ventilación de tufos, aliviadero de temperaturas, claraboyas de iluminación, puertos de estiba y zonas de prensado, tenían asignados holgados y espaciosos volúmenes…. Las gráciles bóvedas a la catalana, y los gaudinianos arcos equilibrados, sencillos o en rosca, dotaban a estas bodegas de una esbeltez interior que recuerdan con sus repetidos ajímeces orlados de “trencadís”, en cercos de puertas y vitrales, en muchos casos, una estampa ciertamente catedralicia.

Sería la espléndida Dinastía Vivanco y su museo de Briones, el Vaticano de las bodegas actuales, aunque es de condición popular, conceder el  rango del pedigrí, a las de más prosapia, historia y antigüedad.

En Ollauri, la antigua sede de Paternina, la bodega Conde de los Andes, recibe ese mérito y también el apelativo generoso de Catedral del Vino, aunque fuera más afortunado el de cripta del vino, por las catacumbas y galerías que canteros gallegos picaron en roca virgen y a 40 m de profundidad durante temporadas a lo largo de varios siglos. Tienen, por otra parte, el más veterano y documentado cementerio de botellas del país. Con todo, y sin ningún rubor presumen también de ser la Capilla Sixtina del vino español…Diría yo, que están bastante más cerca de ser como mucho Altamira, y más que por el arte, sobre todo, por la penetrante y fresca  humedad reinante, aunque está claro que ponerse medallas es oficio extendido por todas las firmas y latitudes.

Presume Rueda, en Bodegas Mocén, de una intrincada y laberíntica red de galerías subterráneas con varios Km., que desde el siglo XVI, criaban y guardaban en bocoyes de madera de castaño, los vinos de la corte, más conocidos entonces como vinos de la Tierra de Medina. Algunas estancias subterráneas disponen de tinos de mayor calado que las propias  galerías de acceso, lo que hace pensar en que debieron ser construidos “in situ”. El acierto del maestro tonelero en cubicar las arrobas del tino, se ajustaba “a ojo de buen cubero”. Aún quedan,  felizmente recuperados, una decena de bocoyes que lo atestiguan. Y hablando de grandes cubas, tuvo la vilafranquina Bodegas Torres, hacia 1870, la más grande del mundo, con capacidad de 600.000 l, que tristemente desapareció tras los dramáticos  bombardeos de la Guerra Civil.

En mayor o menor grado, todas las bodegas entusiastas y motivadas experimentaron notables mejorías técnicas o arquitectónicas a lo largo del siglo XX. La incorporación del acero inoxidable encamisado en los depósitos, la fermentación controlada, las prensas neumáticas, el frío como conservante generalizado, las levaduras seleccionadas, la asepsia y la enología sistemáticamente aplicada, han convertido a los vinos actuales, y con evidente diferencia, en los más estables; mejores y más abundantes de la historia.

La avanzada arquitectura racionalista, se afianza precoz; alcanza y prospera en un nutrido grupo  -y ya muy abultado número- de bodegas, que van desde el gigantismo tecno-enológico, al más puro y febril diseño, pasando por el  párvulo y quimérico capricho eno-emocional donde todo se sublima, estiliza y cabe.

Moneo, Calatrava, Iñaki Aspiazu, Jesús Marino Pascual, Ignacio Quemada, Frank Gehry y -el joven y prometedor- Carles Sala, son, cogidos al azar, un muestreo del rumbo arquitectónico que ya se conoce, anticipa y como futurible se adivina…

Mientras, groseramente apilados, dormitan y merodean  en los estantes de los bazares y supermercados y a precios de escarnio y derribo: el rudo y borde “tetrabreak”, el zafio ”bag in box” y la temible eno-lata de aluminio, -hasta ahora californiana y lamentablemente ya francesa-, mirando con enconado recelo y de reojo, a la todavía ínclita; vítrea; fecunda y cristalina  botella!!

 

Jesús VELACORACHO.  Junio 2011

  

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 30 Jun 2011 @ 10:03 PM

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Categorías: Hablamos de vino
 30 de Junio del 2011 a las 3:13 PM 

Aprenda a elaborar mermeladas y conservas con frutas del tiempo, flores, confituras y licores.

El conocimiento en la elaboración de mermeladas y conservas, a partir de fruta del tiempo y de otros productos, permite disfrutar durante buena parte del año de, alimentos de calidad sin la adición de productos químicos.

Descubra con nuestro taller, diferentes formas de elaborar mermelada y conozca todos los trucos, desde la preparación hasta el envasado en el tarro.

Entre otras, aprenderemos a elaborar: mermeladas de pétalos de rosas, de violetas, de vino tinto y de tomates verdes.

Los asistentes al taller elaborarán una conserva para llevarse a su casa. Aconsejamos traerse un delantal.

Horario:  17 – 20.30.

Fecha:  18-07-2011.

Número de plazas disponible: 12.

Curso impartido por: Xavier Santos.

Más información y reservas en los teléfonos: 938172905 – 637441791. O bien en: info@entrevinosyamigos.com

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Última edición: 15 Jul 2011 @ 08:39 PM

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Categorías: Gastronomía, Talleres
 29 de Junio del 2011 a las 11:08 PM 

El  Penedès está de fiesta, los próximos 1, 2 y 3 de Julio, su capital, Vilafranca del Penedès, celebra la Edición  del VI JAZZ. Una cita imprescindible para los amantes del buen vino y el buen jazz.

Durante estos días y con la finalidad de ofrecer al visitante una estancia interesante en tierras Penedesencas, se desarrolla en la comarca, un amplio programa de actividades vinculadas al vino: visitas a bodegas, maridajes, catas diversas, visitas culturales, etc.

Los amantes de la buena música y los entendidos en Jazz, podrán seguir en directo y de forma gratuita los diferentes conciertos, disfrutando de un cartel de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Entre los diferentes actos previos, destacamos la conferencia que el Sr. Jesus Velacoracho, ha desarrollado sobre la evolución de los materiales utilizados para la guarda del vino a lo largo de la historia. Un trabajo encargado por los hermanos Joan y Sebastià Jane, del Col·legi d’Aparelladors, Arquitectes Tècnics i Enginyers de Barcelona y con la participación de la Acadèmia Tastavins del Penedès. Y El 10 capítulo de investidura de la Academia, en la que el Sr. Albert Cunillera, fue investido Académico.

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Última edición: 06 Jul 2011 @ 06:52 PM

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Categorías: Eventos
 28 de Junio del 2011 a las 4:59 PM 

La Denominación de Origen Rueda, ha sabido recorrer un camino que ha otorgado a sus vinos el reconocimiento internacional. Hoy son muchos los locales y no solo en los de Castilla y León, donde podemos escuchar la expresión  “un verdejo, por favor”. Signo inequívoco, de que este blanco afrutado, ha calado hondo entre los amantes del vino. Actualmente, los Verdejos pueden estar amparados por dos categorías: Rueda Verdejo (mínimo un 85% de uvas Verdejo), y Rueda (mínimo, 50 % de uvas Verdejo).

Proponemos una cata comparativa de Verdejos de esta Denominación de Origen, uno de los varietales más extendidos y que más gustan en nuestro país.

Los vinos escogidos para la ocasión:

-          Protos Verdejo 2010.

-          El Perro Verde 2010.

-          Martivilli 2010.

-          Palacio de Bornos 2010.

-          José Pariente 2010.

-          Palacio de Menade 2010.

DIA: Lunes 12 de Septiembre.

HORA: 17 – 20.30.

LUGAR: Aula de Cata de entrevinosyamigos

Información y reservas en:

Tel:  93.8172905.   E-mail: info@entrevinosyamigos.com

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Última edición: 12 Ago 2011 @ 11:20 PM

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Categorías: Catas, Hablamos de vino
 27 de Junio del 2011 a las 5:57 PM 

Los refranes son un gran tesoro de la cultura tradicional, sus frases encierran buena parte de la sabiduría popular. Hay ocasiones en las que da gusto comprobar que, nuestro refranero no se equivoca.

En este IV encuentro motero de entrevinosyamigos, hemos pillado uno de los días más calurosos del año y las altas temperaturas nos han perseguido todo el día. Aun así, lo hemos pasado de maravilla. Buena compañía, buenas carreteras y buena gastronomía, son ingredientes más que suficientes para olvidar todo el calor que hemos soportado.

Damos las gracias: a Carmelo del Rte. Anxaneta de Sant Pere de Ribes, al Gabi, al Gil, al Jordi y a Josep de Masia Torre del Gall de Sant Cugat Sesgarrigues. Esperamos que hayáis disfrutado tanto como nosotros.

Agradecemos también: A la familia Camps del Hostal Colomí por la atención que nos dispensarón y la estupenda comida que nos sirvieron. A Mas de L’Abundànçia, por el detalle de obsequiarnos con su tinto, Fluminis 2006

Publicado por: Ramon
Última edición: 04 Dic 2011 @ 09:34 PM

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Categorías: Sobre dos ruedas
 23 de Junio del 2011 a las 6:47 PM 

Tengo una resignada cuenta pendiente con el siempre aromático; arrogante; caro y rubicundo azafrán. Obedece ese tan poco formal estado, a mi nostálgica y crítica condición de solanero irredento y ausente. Pretendo, ¡pobre de mí!, ser original en los artículos que dedico a mi pueblo o al menos transitar con ellos por el angosto margen que bordea a  los caminos ya muy trillados.

Sostengo, sin rubor, que sobre este tema, poco o nada fácil, me lo puso hace muchos años el maestro Jacinto Guerrero y sus atinadísimos libretistas, Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw que compusieron a su rosa, una tan bizarra como bien resuelta y espléndida zarzuela. Con todo, acudieron nuestros animosos creadores, a las frescas y lozanas obras del ingenio de Lope, aunque fuera en libérrima adaptación de “El perro del Hortelano”.

Bajo los auspicios de semejante disculpa, me atrevo yo también, a  baldear la historia de una de nuestras señas de identidad más cabales; cantadas y conocidas.

Es  de muy solanera creencia popular, que el azafrán es especia de moruna condición y raigambre y que fue uno de los cultivos más señalados que nos dejaron en herencia, tras el largo poso de su estancia, los árabes. Con no ser mentira la credencial y tener notables visos de cultivo recuperado por ellos, allá por los siglos VIII y IX, creo que la atrevida impostura que los convierte en precursores del safranum o Crocus Sativus, -como lo llamaban los romanos-, no es más que la oportuna fijación permanente y reasentamiento de lo que a todas luces fuera un muy anterior;  reconocido y codiciado producto, del que nos hablan Varrón, Plinio, Horacio, Ovidio y Columela.

Que el azafrán ha tenido de siempre señalada demanda, con patricio o cesáreo precio, lo demuestra que ya en época de Augusto, se importaba -para abaratar su coste en la opulenta Roma-, desde la lejana Cilicia post-fenicia y de la próspera Cirenaica -que ahora arrasa Gadafi- por la insuficiente producción para el consumo del Imperio Romano.

Siendo Hispania provincia puntal de tan vasto Imperio, y teniendo en nuestra tierra oretana, la edafología y el clima, con las características pertinentes para su crianza, se me escapa que en un cruce de caminos tan principal como Laminium –Alhambra- y también Consaburu –Consuegra- o Alces –Alcázar- pasara desapercibido tan interesante como rentable cultivo.

No he vuelto a ver en mis retornos al pueblo, los virginales campos de azafrán ni su moteada túnica morada. Seguro que en la actualidad exige sacrificios y esfuerzos no compensados.

Es más que curioso, que sea en los páramos poco propicios a otras plantas, en donde medre nuestro aparentemente humilde azafrán. Teruel, Cuenca, Toledo, Ciudad Real y en el pasado Armenia, AnatoliaPersia, Tracia, Egipto, la India e… ¡Inglaterra!, donde una poco prudente y biliar ley de Enrique VIII condenaba a muerte a los que adulteraran tan preciada especia.

Sobre las inacabables historias de los frescos murales de la encaramada Akrotiri o Thera en los restos que hoy ocupa la volcánicamente desmembrada; vertiginosa y actual Santorini griega, que retrata a bellas jóvenes recogiendo la rosa del azafrán hace más de 3500 años, nada diré… Ni del casi absoluto convencimiento de su preclaro y remoto origen protobudista y Cachemir, en las infaustas e inestables fronteras que delimitan la India y su acérrimo enemigo Pakistán. En balde comentaré su presencia abundante en las antiquísimas y femeninas momias egipcias…Ni las presuntas virtudes que le atribuían los dilectos galenos, como Dioscórides, que lo recetaban como medicina mágica y proverbial. Tampoco hablaré de su valiosísimo carácter de tinte, no ya para la ropa y accesorios textiles griegos y romanos sino hasta para el pelo… Ni siquiera del dorado color y el inconfundible aroma que incorpora a los platos mediterráneos que como la bullabesa o nuestra paella lo hacen del todo imprescindible. Tampoco hablaré de la amenaza que la morisma del Atlas y Rif  conjuran ya para su ulterior comercio, ni de la de su cada vez más presente, esencia iraní…

Os contaré, eso sí, como habita en un rincón del alma de mi adolescencia, en  los mansos y aún luminosos días de la primera mitad de Noviembre, la grácil visión lilosa y aureolada de los azafranales que circundaban La Solana de hace casi 50 años. Del estallido de color, que durante unas semanas inflamaba salpicando las luengas franjas lilas; los campos de perfiles variados pero de vestido uniforme malva, desde aquí y por allá… Tapizando de añil claro, la perenne, ubicua y manchega tierra rojiparda…

La paciente, cansada y casi genuflexa recolecta; los cestos rebosantes y la “monda” con las expertas comadres; con el cruce de miradas entre alegres y furtivas de los jóvenes, y el ancestral rito del “tueste”, lo más llamativo y temerario del proceso…

Os contaría, además, tantas cosas del  animoso recuerdo que contemplo, que con el tiempo, la vida se diluyó entre mis manos….  ¡No sabría en que devino, ni por lo tanto, volver a empezar!, porque cada nuevo día, traería junto al encendido entusiasmo adolescente, el sortilegio del sosiego de mis años, que incluso aún quebrantado, sostengo.

Sabed que para todos, absolutamente todos, cada vida tiene su partida y su puerto… ¡Sólo el tiempo no tiene orillas!

 

Jesús VELACORACHO. Junio 2011

 

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 23 Jun 2011 @ 07:48 PM

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Categorías: Gastronomía
 22 de Junio del 2011 a las 11:53 PM 

En los últimos años, el sector enológico, ha sufrido un importante progreso en la elaboración de vinos rosados. Hace aproximadamente 15 años, en este país el rosado era un vino sin personalidad. Por suerte las cosas han cambiado, y hoy el vino rosado, se ha hecho con un espacio propio en el mercado del vino. Existen buenos rosados en casi todas las zonas vinícolas españolas y actualmente, el abanico de posibilidades a la hora de elegir uno de ellos, es muy amplio.

Proponemos una cata de rosados de diferentes Denominaciones de Origen.

Los vinos seleccionados son:

-          Roigenc 2010 – D.O. Montsant.

-          Mas Comptal 2010 – D.O: Penedès

-          Coto de Hayas 2010 – D.O. Campo de Borja.

-          Agramont 2010 – D.O. Navarra.

-          Canforrales Garnacha 2010 – D.O. Mancha.

-          Care 2010 – D.O. Cariñena.

DIA: Jueves 14 de Julio.

HORA: 19 – 21.

LUGAR: Aula de Cata de entrevinosyamigos

Información y reservas en:

Tel:  93.8172905 / 637441791.   E-mail: info@entrevinosyamigos.com

Publicado por: admin
Última edición: 15 Jul 2011 @ 08:40 PM

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Categorías: Catas, Hablamos de vino
 19 de Junio del 2011 a las 1:03 PM 

He vuelto a visitar Madrid. Una convenida y ajetreada reunión familiar junto  al vinculante repaso y reto de algunos temas personales, me condujo primero a mi pueblo y de vuelta, a la ahora, -primera decena de junio-, plácida y espléndida, capital.

Un cómodo y fresco recorrido mañanero por el castizo Madrid del Barrio de Las Letras, -mientras hacía intencionado tiempo hasta la salida del AVE- me acercó a los bares, tabernas y lugares, que conocí bastante  bien en mi época de estudiante y que también frecuenté, acompañado –  ahora nostálgicamente- por mi padre.

Una de las más ilustradas tascas que visitábamos, era el viejo pero esclarecido Gayango, de la céntrica calle Núñez de Arce, en pleno meollo del más sabroso comercio y “bebercio” madrileños. Era este figón, y sin lugar a dudas, el mejor de Madrid en temporada de setas…

No tenía nuestro menguado rosario “tasqueril” demasiadas cuentas, pero eso sí, las que teníamos contadas, eran amén de sustanciosas, de ancestral, lustroso y reconocido porte.

Ocupa el lugar del desaparecido Gayango, y desde ya hace bastantes años, otra tan limpia y no menos ilustrada tasca, que se llama “La Trucha” y es de obligada visita y gozo para neófitos y transeúntes y templo de culto para conocedores e iniciados.

Dirige la corta pero bien surtida barra, un muy curtido y experimentado maestro en estos lances, Antonio Martínez, secundado con oficio por Pablo Ávalos, barra en la que ambos, solícitos y diligentes, atienden impolutos e impecables al cliente…

Este martes pasado, y con menos parroquia de la habitual,-la tragedia de la crisis también se nota-, acudí de nuevo,-aunque esta vez con la salud más quebrantada-, a la semipostrera vieja cita.

Todo su aspecto, aparentemente, seguía igual… Los viejos reclamos de las prometedoras pizarras; las verbenas de canapés y ahumados; los pimientos rojos gloriosamente asados y fritos; las andalusíes berenjenas rebozadas; los boquerones y calamares; las sabias frituras malagueñas de crujientes texturas y atinado punto; el muy ibérico, bizarro y socorrido jamón; la fresca taza de gazpacho; las truchas, que hacen reverente justicia al nombre de la casa y las cabales y cumplidas raciones que son sorpresa de “guiris” y regocijo de avisados.

En el anaquel central de la pared de enfrente y custodiado por sendas cerámicas menores, aparecía atrevido, virginal y rotundo, un soberbio ejemplar de… ¡La ILÍADA!…

Miré con atención sorprendida, el casco troyano-corintio que alumbra la portada del ejemplar y recordé al tiempo que imaginaba, la prolija y heroica aventura que anticipaba el abultado tamaño del libro. Confieso que la curiosidad me pudo y pregunté cortés, ¿Saben ustedes lo que tienen ahí?… La sonrisa entre cómplice y ufana de  Antonio Martínez lo delató. Sí lo sabía. Aunque ni remotamente formase parte de sus presumibles lecturas habituales!

El libro es riguroso comentario y obra, esforzada y laboriosa, de su hijo, un brillante y cumplido universitario de humanidades, de la generación que partiendo del  sacrificio y apoyo familiares, accedimos/accedieron  a niveles de formación nunca antes alcanzados por las clases desfavorecidas o menestrales.

El joven, un Cum Laude, esforzado y cabal, no sabe que su padre, con comedido orgullo, pondera sobremanera la ingente documentación necesaria para colmatar tan  presumiblemente terca como exigente edición.

Estoy convencido que Antonio Martínez padre, sueña para la evidente brillantez y dones de su hijo, mejores ocupaciones, y aún más acordes con sus presumibles cargos y notables cotas. El mío,-caso parecido- aspiraba para mí, el rutilante rango de ministro!. Nunca supo, pobre de él, que superé hace mucho el nivel de ingenio exigible en el “aspirantazgo” que en España se requiere para ese cargo. Lo mismo que el joven Martínez, que podría aspirar ahora y con decoro al de presidente del país, aunque  no son precisamente, esfuerzo, brillantez e ingenio, prendas necesarias para alcanzar y medrar en tan alta magistratura.

Seguramente no sabe el joven y docto Martínez, que el que sí ha alcanzado el grave y dilecto nivel de maestro Honoris Causa, es su señor padre, que detectó -agudo y rápido- que un infartado reciente no puede comer aceitunas saladas y cambió como por ensalmo, la amenazadora tapa, por otra menos insidiosa para mi salud. Tampoco sabrá el “viejo” Martínez, como mi padre, que ministro viene del latín, y está referido a menos y que por el contrario es maestro lo que se refiere a más… ¡Vaya mi más calurosa felicitación para los dos maestros Martínez!…¡¡El grande y el chico!!

 

Jesús VELACORACHO. JUNIO 2011

 

Nota: Conozco otro local hermano del aquí reflejado, bautizado con idéntico nombre, lindero a la Plaza Santa Ana.

Si me encuentro allí, audaz y desventurado, el “Ulysses”, de James Joyce, pensaré que algo mereció la pena y creeré en los milagros.

 

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 28 Jun 2011 @ 06:09 PM

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Categorías: Restaurantes
 13 de Junio del 2011 a las 1:39 PM 

Este post, debía servirnos únicamente para mostrar nuestro agradecimiento, y a la vez, elogiar a los profesionales de la sanidad del Hospital Comarcal del Alt Penedés que, nos han ayudado con su trabajo a pasar por un mal trago familiar. Es difícil describir los sentimientos que nos aparecen, cuando estas personas en el desarrollo de su profesión, consiguen la grandeza (en muchos casos, casi el milagro) que nos permite mantener a nuestro lado a aquellas personas que queremos.

No hay ni dinero ni bien material, que compense la excelencia profesional y humana de estas personas; la voluntad de curar, la dedicación al paciente, el amor con el que intentan paliar el sufrimiento, la entereza, la serenidad, la paciencia, es larga la lista de adjetivos y todos son buenos, no cabe reproche alguno, es más, si nos comparamos con ellos nos sentimos insignificantes.

En ocasiones, la vida toma giros inesperados, y por suerte, para los que afectan a la salud de las personas, ellos están ahí. Han elegido una profesión dedicada a salvar las vidas de los demás, se nos llena el corazón de gratitud pensando que ellos trabajan para que nuestras vidas puedan seguir adelante.

Agradecemos de todo corazón, el trabajo del Dr. Jorge Ignacio Moreno y de todos los profesionales que han atendido a nuestra madre. Vaya para ellos todo nuestro reconocimiento y nuestra deuda moral, con su compromiso profesional nos han devuelto la felicidad.

Para lo que no debía servirnos este post, es para mostrar nuestra indignación y desaliento. Es cierto que nos toca vivir una época de recortes presupuestarios que, a nuestro modo de ver, están falsamente avalados por la crisis galopante que estamos viviendo. Es curioso observar cómo, aquellos, que con su pésima gestión han permitido tal debacle, son ahora los mismos que deciden, que debemos suprimir los contribuyentes del bienestar que hemos conseguido con nuestro esfuerzo, el de nuestros padres y el de nuestros abuelos. Mas que curioso, irónico y desde luego insultante.
Observamos atónitos, como los políticos de turno usan su poder ajustando presupuestos sobre salud y educación en su intento de controlar un déficit, cuando la realidad es que usan la legitimidad que les han entregado las urnas, beneficiando siempre a las grandes corporaciones financieras y sus bancos de inversión, que son, los que realmente han modificado las reglas con el consentimiento de aquellos que elegimos para defender nuestros intereses, y que no han sabido o no han querido hacer que la economía deba subordinarse al bienestar de todos los ciudadanos.

Por suerte para nosotros, mientras vemos con mucha pena como los señores que mandan consienten, que el “bien común” tienda a desaparecer de nuestras vidas, profesionales como los mencionados nos llenan de fuerza y de claridad para ser conscientes que debemos cambiar nuestro “marco mental” y, cambiar nuestros objetivos para preservar el bienestar de todos.

Si algún político leé este artículo, que no le extrañe esta sensación de mal gusto, es con las que vivimos las personas de a pie gracias a sus acciones.

Publicado por: Ramon
Última edición: 02 Feb 2012 @ 06:38 PM

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Categorías: De todo un poco
 13 de Junio del 2011 a las 1:28 PM 

El bueno de Toni (nuestro primo), felizmente rodeado de sus dos compañeras de fatigas. La Esti, pareja motera como pocas y su reluciente GSXR1000.

Amor de madre aparte, las dos le tienen el corazón robado.

Publicado por: Ramon
Última edición: 28 Jun 2011 @ 06:08 PM

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Categorías: Sobre dos ruedas

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