29 de Junio del 2010 a las 7:52 PM 

Todos los que buscan o conocen  los encantos de la blanca y salada  villa de Sitges los acaban encontrando. Amenos y recoletos rincones, callejas retorcidas y callizos imposibles, playas de ribera con espigadas y airosas palmeras, y muchas… muchas y señoriales villas. Románticas y noucentistas las más, pero con tolerante y benigna concesión  a la insolente opulencia y discutible modernidad de otras. Y presente siempre,  la sal y el azul…, el azul permanente y penetrante del agua marina y del cielo; la sal latente en el aire y en el rumor sordo del mar.

 Tiene también Sitges -descuidada- un alma preñada de leyenda, nebulosa y críptica, que muchos desconocen y pocos descubren. Cómo la de la bella Tecla, indómita y bravía, o la del heroico defensor de la ciudadela, que evitó la voladura del baluarte de la iglesia y cómo no, la del almogávar Jofre de les Escales, ¡¡el hombre de la malvasía!!

Vamos a desvelar esta última.

Corre el año 1305. Jaime II el Justo de Aragón  tiene en la recién conquistada isla de Sicilia un ejército caro y formidable, pero ocioso. Tan temible y eficaz como impredecible, iracundo e indisciplinado: los almogávares.

 La alta política, los  pactos y su consecuencia,- matrimonio con Blanca de Anjou-, le animan a desembarazarse del peligro que suponen estos indómitos guerreros. El almirante Roger de Flor capta el mensaje. Con las compañías que le siguen acude en defensa –previo pago- del asediado reyezuelo de Constantinopla. La primera cita: Monenvasia. El inexpugnable peñón y bastión heleno, donde acuden tradicionalmente para su comercio los virginales vinos blancos de las Cícladas. Allí conoce nuestro hombre al vino que lo enamora.

Las miserias,  peripecias y tribulaciones de nuestro almogávar ahora no vienen a cuento, pero sabemos que a su vuelta, ya con los sarmientos de la augusta cepa, él y el deformado término, Monenvasia/Malvasía, pasaron a formar parte de la historia de la que se nutre la leyenda.

Durante los siglos siguientes y hasta los últimos decenios del XIX, la fama y el consumo de la Malvasía de Sitges  creció en reconocimiento y prestigio. La demanda continuada, aumentó  el número de elaboradores y el volumen de la plantación de viñas, con el correspondiente desarrollo agrícola, económico y comercial. ¡¡Sitges estaba de fiesta… y al borde del precipicio!!

Las dos últimas décadas del siglo antes mencionado fueron demoledoras. Continuadas añadas con tremendas plagas de botrytis, diezmaron las cosechas y los viñedos. Cuando parecía que la desgracia se alejaba, un nuevo y definitivo mazazo vino a añadirse a la tragedia: la filoxera.

Rendidos y desmotivados, los payeses abandonaron el cultivo de la mítica cepa. Quedaron para alimentar la nostalgia y mantener vivo el recuerdo unas pocas, dispersas y desatendidas  hectáreas.

Mientras, un nuevo competidor  asoma por el horizonte. Un chispeante vino de lujo aporta otra moda. Cambia el gusto de los  consumidores. Viene para quedarse: el champagne.

Ante semejante perspectiva, en 1935 un patricio sitgetano, diplomático de carrera, lega al Hospital de San Juan Bautista, la bodega y dos hectáreas de autentica malvasía en la villa de Sitges. Pone una condición, quiere que se cultive la cepa y que se elabore y perdure el ancestral vino de la blanca Subur. Estamos ante el Legado Llopis.

Durante los siguientes decenios, la elaboración de la malvasía siguió y vagó sin rumbo por los manidos y trillados caminos de antaño, languideciendo nostálgica, en pos de la deriva menguante del consumo.

Un afortunado golpe de timón, reorienta y conduce por nuevos y más audaces derroteros a la señera institución. El gerente, Roland Sierra, deposita  en el joven enólogo Josep Pascual, la confianza y con ella el encargo, tanto de la puesta al día de la imagen como de la mejora del proyecto y de los vinos.

En la actualidad el Hospital de San Juan Bautista, oficialmente contempla tres líneas de elaboración partiendo del singular vidueño.

Malvasía clásica: Un vino licoroso, amelado, untuoso y glicérico, con una proporción de casi 200 g de azúcar por litro, de 15º y largas estancias -4 ó 5 años- en bocoys de castaño de 620 litros. Solamente 8000 botellitas de 50 cl verán la luz. No es que sea una rareza, es que es casi un perfume!!

Malvasía seca: Los mismos medios pero diferente concepción. Un nuevo vino mucho más seco y ligeramente menos alcohólico, también con largas estancias en bocoy de castaño. Ahora salen a la venta las 2500 botellitas de 50cl de la cosecha 2004/2005.

Blanc de Subur: Un atinado y novedoso vino tranquilo, seco, poderoso, fresco, que armoniza sobremanera con los platos de la cocina costera tradicional y la de Sitges en particular. Este verano, tenemos una cita con él y no podemos faltar. Sitges y las casi 5700 botellas de ¾ de la cosecha 2009, nos esperan!!

Queda para un futuro ya próximo, la presentación de un espumoso de Malvasía, que será bautizado con el acertado nombre de Monenvasia en honor y recuerdo del sufrido almogávar Jofre y de la curiosa pirueta que nos deparó su singular peripecia. Serán 500 botellas amparadas por la paradoja del devenir de la historia. Botellas cuajadas de brillantes estrellas y efímeras burbujas que servirán para orientar a las leyendas por el mapa donde se incardinan los sueños!!

         Jesús VELACORACHO.

         Junio 2010.

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 24 Sep 2010 @ 12:19 AM

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Categorías: Hablamos de vino
 02 de Junio del 2010 a las 7:45 PM 

He vuelto a “sufrir” los extremos de otra cata ciega. Y van… ni se sabe, pero es que no me acostumbro. Lidiar con media docena de frescas botellas, envueltas e intencionadamente emboscadas en papel de aluminio, parece un ejercicio fácil y deseable, pero para mí, no lo es en absoluto.

Conozco bien la concepción y desarrollo de la prueba: Tres o cuatro cavas artesanales de perfil más o menos clásico. Una incursión al extranjero –champagne, espumanti, cremant- y además –ahí está el detalle- uno o  dos temibles torpedos, convenientemente enfriados, tipo Rondel, Delapierre, Carta Nevada o algún otro cava de menor reconocimiento y condición.

Comienza la cata. Mis taimados amigos se miran con complicidad. ¿Qué se ocultará debajo del fresco y rociado papel de plata?

El primer cava responde a los cánones de un artesanal clásico. Fresco, cremoso, franco  con la  burbuja bien integrada.

 El segundo parece champagne. Creo que es el forastero francés que estaba esperando.

 El tercero es un cava serio y cabal pero con un porte sereno,  correcto y amable.

 El cuarto, ¡oh sorpresa!, vuelve a ser francés. Ya van dos franceses y no vamos bien. Algo falla.

El quinto es diferente, singular y atrevido, casi audaz. ¡Creo que lo tengo! Ese final especiado lo  delata.

Llegamos al sexto y último. Cremoso, fresco, complejo, elegante, singular…Sin duda el mejor. Apuesto por él. La nota más alta de todas, un ¡9!

Ahora viene lo bueno. Empiezan a destapar con parsimonia las botellas. El primero sin sorpresas. Un Llopart. No acierto la etiqueta pero sí el perfil.

 El segundo un Elizabeth Raventós, de Raventós y Blanc. Espléndido. Hubiera jurado que era champagne. Cada vez hacemos cavas más franceses y no es una disculpa, es una realidad.

El tercero, un Castell de Vilarnau.  No lo acerté, pero tengo que recordarlo y tenerlo en cuenta. Atinado y redondo, es sin duda un buen cava.

 El cuarto sí es francés, pero no es champagne, es un cremant d´Alsace de pinot noir y Chardonnay.

El quinto, Vatua¡ de Colet. Éste sí que lo clavé. Sergi Colet  me lo dio a probar en su lanzamiento y desde entonces recuerdo el aroma sutilmente especiado de los atrevidos varietales  que lo ensamblan.

 Y… el sexto… prepárense, ¡¡ahora llega el sexto!!

Mientras liberaban la botella del terco envoltorio de papel de aluminio que la abrazaba, por una comisura de los desgarrados laterales, la artística F de Freixenet  me miró fijamente y apareció rampante.

El cava en cuestión era un Cuvée especial de Dolors Sala. Rotundo, sápido,   complejo, cremoso… Un cava impropio de un generalista, casi, casi de homenaje. Un cava noble y racial, franco, con desenvoltura y  desparpajo.

Pero, ¿Quién era Dolors Sala para que Freixenet la recuerde y sublime con tal dedicatoria? Hagamos un poco de historia…

Corre el tórrido verano de1936. El trágico disparate de la guerra incivil acaba alevosamente de comenzar. Los varones adultos del clan Sala/Freixenet son salvaje y literalmente fulminados. Los tres años siguientes son demoledores. Al drama humano familiar se le suman tiempos duros, torpes y aciagos. Perdidos y sin rumbo y con la empresa al pairo, la desaparición es previsible, casi inminente…Pero finaliza la guerra, por fin, y la viuda Dolors Sala, se encarga de reflotar la nave varada y recupera con la propiedad, el timón del orden y el concierto. La serenidad y el acierto continuo son su lema y encadena ambos términos a su  futuro devenir.

Mientras la sentina de la nave se desembaraza de créditos, conflictos y problemas en la dura y dramática postguerra, sus hijos crecen. Ya no estará sola. Y la nueva singladura de la nave Freixenet, aunque aún vacilante, tiene patrón. Crecer y afianzarse es más un sortilegio de ingenio, apuesta y acierto que de contener a rivales o enemigos. Sortilegio singular, en forma de botella esmerilada.

Pasan los años y la firma crece y se aposenta, ganando en peso, solidez y confianza. El derrotero trazado es bueno.

En la lontananza, y de su misma sangre, se atisba la tranquilidad del puerto seguro y la bonanza. Puede por fin delegar, aunque como buena liebre catalana, duerma con un ojo abierto. Ha visto mucho.

Siempre he creído que las comparaciones son odiosas y más tratándose de personajes de épocas y siglos diferentes. Sin embargo, es difícil no recordar como en este caso, a otra mujer, viuda también, que llevó igual que Dolors, el peso de la historia comercial de su firma durante muchos y difíciles años. Esta mujer fue: Veuve Clicquot. Por sus indudables méritos y la impagable mercadotecnia de sus paisanos, Madame Ponsardin, se ha convertido en la Gran Dame du Champagne, sin duda un reconocimiento justo.

Nuestra Dolors Sala, no va ser menos. Con la misma justicia y por iguales méritos, reclamamos para ella el rango que a todas luces le corresponde: La Gran Señora del Cava.

Nos queda, en adelante, brindar por ella con el cava de su homenaje.

                        Bene te, DOLORS SALA, Bene vobis.

                                        Jesús Velacoracho.

                                                       Junio 2010.

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 24 Sep 2010 @ 12:19 AM

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