28 de Enero del 2013 a las 3:10 PM 

 

Siempre que puedo vuelvo a visitar Madrid. Ya sea por motivos  familiares –ver a mi hermana y a mi señora madre- o porque a mí –lisa y llanamente-, la villa y corte me gusta. La verdad es que, a poco que puedo, procuro acudir varias veces y año tras año, entre nostálgico y fiel, a tan esperada como agradable y vieja cita.
Recorro ahora -con mucho menos genio y bastante más calmo paso- los bares, tascas, mesones y tabernas, que hace más de cuarenta años descubrí, y que en calidad de joven descarado y “tribal” estudiante seguro que atropellé. En una de estas últimas tabernas –sita en la “guiri” y siempre castiza Cava Baja-, la maña y más que centenaria Casa Ricla anuncia ahora a  sus  parroquianos –sobre  la pizarra y escrito con tiza-, un directo y lacónico: “Hay cava Jané Santacana.”
La sorpresa, no por agradable menor, me retrotrajo por un instante a curiosos y pretéritos momentos de mi memoria… Un poco a la busca de un tiempo lejano, inevitablemente perdido -pero no olvidado-, que haría las delicias relatoras del taciturno Marcel Proust.
Conozco -desde 1980 y previo a su aparición como elaboradores de cava-, el devenir histórico de los vinos del torrente de Baldús y el denodado empeño por mejorarlos y darlos a conocer por el que fuera su propietario, mentor y auténtica alma mater: Josep Anton Jané Santacana.
C
omo quiera que ésta fuera la primera cava que conocí desde su génesis, y dada  la menguada actividad y párvulo volumen que en sus inicios movía –unas 3000 botellas año-, seguro que les  puedo añadir -como puntual observador de entonces- algún dato de interés y aportar con mis recuerdos un cariñoso post  al currículo de la vieja bodega.
La documentación que avala la presencia de ésta y el riguroso pedigrí de la heredad se hunde y difumina por procelosas y tardo-renacentistas fechas, cuando cereales y olivos eran cultivos dominantes en la comarca. Sabemos que hacia 1700, es decir hace más de tres siglos, los Jané de Baldús se anticiparon al tiempo añadiendo a sus escasas viñas –sólo elaboraban el vino para consumo propio-  las más oscas parcelas y los terrenos más pobres y áridos de la finca que, tradicionalmente, son los que mejores vinos producen. El devenir de la historia vitícola de la comarca y el estallido de la filoxera, condicionaron la orientación comercial de los Jané como criadores y elaboradores de vinos hasta la puntual y decisiva aparición del animoso y emprendedor Josep Antón, patriarca de los actuales gestores y propietarios.
Tienen las gentes -así como los vinos y cavas- de Baldús un serio principio ético, inequívocamente formal, de honradez  inmutable. Se ajustan a la cabal dignidad de conseguir ser lo que se espera de ellos: vinos de franca y sencilla nobleza, de porte sano y generoso, que huelen y saben a las frescas esencias del Penedés, limpias y ligeras, siempre amables… Vinos dignos porque lo son, sin artificios ni afeites, y sin cosméticos de moda. Sin el afán de ser divos o vedettes para aparecer en las  guías o listados bajo ruin y vergonzante pago obligado.
Se diría que, a contracorriente de los tiempos y ajenos a toda imitación, no pretenden parecerse a nada ni a nadie. Sólo se afanan en alcanzar y dominar algo tan complejo como es la identidad de su auténtica sencillez. Hacen lo que saben y lo que hacen lo hacen bien. Punto.
Disponen para ello, en la heredad, de 50 magníficas has de terreno.  Si descontamos las 8 has dedicadas a cereal y barbecho para la rotación del replante, les quedan 42 has  de bien soleado, aventado y mejor drenado viñedo, arremolinadas en torno a “les cases de Baldús”. Se sitúan éstas, como vigías y bien abancaladas,  en las  lomas de la suave  pendiente  que desde Santa Fe se desplaza a Puigdàlber. Reciben por demás tan medieval y caballeresco nombre del arrollado torrente que siempre las recorre y algunas veces amenaza.
No son las gentes de la Heretat Baldús muy dadas a inventos, probaturas, o  a diversificaciones en sus elaborados. De hecho, cuentan con sólo tres tipos de cava –partiendo del mismo vino base de las tres variedades clásicas-, que consiguen variando solamente el tiempo de estancia en rima, y procurando la ausencia o presencia de azúcar y la carencia o no del licor de expedición. Con  esta sencilla fórmula, la casa oferta sus frescos y límpidos: nature, brut y gran reserva, siendo este último el que participa de los vinos más aromáticos. Se le suman a tan menguada carta sendos vinos tranquilos y monovarietales que son a la sazón, un blanco y joven xarel-lo de lágrima y un racial tinto con crianza, de merlot. Vinos francos, limpios y directos, sin doblez…como la impronta comercial de la casa a la que pertenecen.
Permite la más que notable producción vitícola de la finca –con casi 400.000kg/año-, destinar  -¡con unos muy derrochadores rendimientos de sólo el 50%!-, los más puros y virginales litros de su “mosto flor” a la elaboración de los productos con su firma. Tan ligera como  gloriosa prensada provoca que esos  vinos contengan el mimo, la fruta, la frescura, y la cabal y equilibrada acidez  para repartirse las cerca de 100.000 botellas/año que la heredad comercializa. El resto y sobrante del vino de la finca se vende como base cava a otras empresas.
Con tales mimbres, hago público, sostengo e invito a todos aquellos que aprecien la bondad y  la noble simpleza de los productos puros y elementales, a probar los elaborados de esta casa. Os anticipo una grata sorpresa. Sin duda disfrutareis del privilegio que comporta el acercarse a una de las más naturales y báquicas experiencias.
Como veis, conozco bastante bien el cava que casa Ricla –casi aneja al arco de Cuchilleros del Madrid castizo—oportunamente oferta y anuncia. ¡Qué alegría se hubiera llevado Josep Anton Jané Santacana si lo hubiera podido ver conmigo…!  Pero, como desgraciadamente esto es imposible, os sugiero algo que además de factible es mucho, pero que mucho más fácil, y no hará falta que vayáis tan lejos. Visitad si podéis su vieja Heretat, la noble finca de Baldús, porque allí sus hijos: Xavier, Manel y Nati  os dejarán probar sus frescos cavas y vinos… Y lo que es mejor, ¡estarán encantados de recibiros!

Jesús VELACORACHO
Enero 2013.

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 28 Ene 2013 @ 04:34 PM

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Categorías: Bodegas
 19 de Noviembre del 2012 a las 6:53 PM 

El chino Yao Ming, una de las ex estrellas destacadas de la NBA, acaba de encontrar una actividad promisoria para sus negocios: aprovechando su fama y prestigio en su país, y el boom del vino en China, acaba de lanzar sus primeras etiquetas al mercado. La bodega se encuentra en el Napa Valley.

Yao Ming no sabía nada de vino, hasta que llegó a la NBA, luego de destacarse en el baloncesto de su ciudad natal, Shanghai. Recién allí tomó contacto con la bebida a instancias de un compañero congoleño que le enseñó los primeros pasos para apreciar un buen vino. A los 31 años, ya retirado de la NBA, emplea su tiempo en “lanzar” su propio vino, elaborado en una bodega de su propiedad en California. Espera lograr un buen puntaje en este nuevo desafío. No está solo, le acompaña la famosa Paul Ricard de Francia la cual se encarga de introducir el producto en China, donde la fama de la ex estrella del basquet le augura un éxito casi asegurado en una actividad, como la vitícola, que recién empieza en su país, pero que todo hace suponer será de un desarrollo avasallante.

La primera tirada ya está en Shangai, y corresponde a un Cabernet Sauvignon, cosecha 2009, del Napa Valley, que buscando los estratos sociales más altos, se posiciona en el rango de los 300 dólares la botella. La etiqueta llevará el nombre suyo: Yao Ming y la producción correrá por cuenta de Yao Family Wine.

Yao es una de las mayores estrellas del país y se le atribuye impulsar el interés de China en la NBA. Durante sus nueve temporadas con los Rockets de Houston, sus juegos eran transmitidos por la televisión nacional en China, y fue seleccionado para llevar la bandera de de su país durante las ceremonias de inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.¿Alguien tiene dudas sobre lo que está pasando en China respecto al vino?

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Última edición: 26 Nov 2012 @ 07:47 PM

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Categorías: Bodegas, Hablamos de vino
 28 de Octubre del 2012 a las 11:32 AM 

He vuelto a visitar, -en uno de estos otoñales días de luz marchita y tibio alcance- el huidizo, manso y recoleto enclave de Bonastre. Supongo que la espléndida estampa pastoral del pueblecito y su entorno, no es ajena al aéreo filtro que tamiza y tornasola su atmósfera con los verdes, ocres y dorados tonos de los bosques, labrantíos y viñedos que octubre atrapa.
A escasa legua y media del severo y romano Arco de Bará, y encintado por el tránsito anejo y paralelo a la antañona Vía Augusta, Bonastre se enfila y encabalga alrededor  del desmochado y macizo torreón parroquial, mientras por debajo de la presumible muralla, los álamos -en la umbría de la vaguada verdecida- se avenan con el hontanar claro de la Font de la Gavatxa.
Como quiera que el compromiso adquirido, ya largo tiempo ha, con Partida Creus de un lado, y con Terrers mediterranis y cellers Sicus de otro, me conmina a recordar que lo prometido es deuda, y que –nobleza obliga- bien merecen ambas bodegas la dedicatoria de un post pese a lo exiguo de su producción.
Contempla Partida Creus, desde la alta mesa de su privilegiado otero, una magnifica visión panorámica del Massís de Bonastre, con la incardinación de su enclave afincado en lo que debió de ser una remota y romana “domus rusticae ad cella vinaria” tardo-imperial, flanqueada además, por el territorio de la apolinar “mansio Palfuriana”. Vaya por delante que sus afortunados propietarios, los italianos Mássimo y Antonella, ya intuyeron su muy romana condición cuando bautizaron el entorno y su derivada vitivinícola  como el noble colofón del ideario “opificium et cellarium”, es decir ¡artesanos y bodegueros!
S
on los vinos de esta singular bodega, originales y personalísimos, y no sólo por su condición ecológica, sostenible y de incipiente aventura biodinámica, si no por su concepto de entender la excelencia, que prima el rigor y el afán de hacerlo todo bien hecho.
Un muy singular, fresco y mediterráneo “Blanc en noirs” de Sumoll, -y por su tono, casi un clarete-, me da la bienvenida recordándome la constante cromática de los vinos griegos de Focea, allá en el Asia Menor; vino  que nuestro siempre dilecto Josep Plà reclamaba como genuino atributo para la payesía del Baix Penedès. Le sigue atinadamente otro curioso linaje ancestral –y hasta ayer tambien casi proscrito-, pero que ahora felizmente recuperado, el Garró, -casta al que ellos han bautizado con el más localista y rústico nombre de Garrut-, encierra las esencias de uno de los varietales casi perdidos que la filoxera primero, la tentadora ambición del volumen después, y el papanatismo filo francés más tarde, condenaron si no a la erradicación si al destierro.
Un guiño  a la torpe servidumbre –moda obligada- de los ubicuos varietales gabachos, reclama espacio para el Cabernet Sauvignon de su muy complejo y trabajado Gotto; y al más que amable Merlot de maduros taninos, ya bien domados y de perfil mucho más goloso, el Quieto,  que concentra el concepto de finca, mineralidad y “terroir” que Mássimo busca y… afortunadamente encuentra!
Un goloso vino -dulce natural- de vendimia tardía y un acertado “amaro” o vermut, que sigue las directrices del “punt e més” de Carpano, conforman prólogo y colofón a la oferta báquica de tan entusiasta como pulcra y agradecida casa. Ni que decir tiene que tanto el jaraíz, la mesa de selección, la sala de fermentación y la cava de envejecimiento son y están dotadas de la asepsia más límpida, bruñida y absoluta que conozco.
Concita y sostiene además, el pequeño Bonastre, otra bodega de despierto  talento y atrevido talante: Sicus, Terrers Mediterranis, empresa del inquieto, joven y atrevido Eduard Pié.

Dicen los que saben y filosofan, que la prudencia no es sinónimo de cobardía  ni la audacia de insensatez. Y que la experiencia, siempre es un grado… Está visto que todos estos tipos no conocen a nuestro vigente protagonista, porque Eduard es un bisinfín de ideas, una tolva de recepción de las mismas y un depósito de fermentación de argumentos. Y para muestra de lo antedicho, mirad sus vinos. Audaces, alegres y logradísimos, y en absoluto indiferentes como sus Xarel-los rosados; o los frescos Xarel-los blancos de marinada, de porte noble y estructurado, con sus elegantes notas de manzana reineta, hinojo y membrillo maduro; o sus Merlots y ahora recuperados Monastrells fermentados en el vientre umbrío y fresco de sus viejas ánforas porosas…O la creativa extravagancia de un vino híper-dulce obtenido de la pasificación del Xarel-lo reposando sobre un enrejillado de invernadero con un cálido venteado constante. El vino resultante, el Meliterrani, que alcanza la friolera de ¡¡350!! gr de azúcar residual por litro, es sin duda un hito de la audacia, la pericia y un si es no es, de la temeridad.
Bullen en su cabeza, mil y una nuevas ideas, algunas definitivamente experimentales y otras rebrotadas de la costra que oculta los arcanos de la historia. Casi sin saberlo, elabora el vino dulce que más agradaba a la emperatriz Livia, la esposa de Augusto. Se emparenta -al mismo tiempo y muy a su aire- con los Fiano de Avellino en la Irpinia de la Campania y los –negros- Reciotos y los blancos Torcolattos de Briganze, y hasta con algunos vinos alicantinos, malagueños y jerezanos que acuden a la sabia pasificación sobre esteros y cañizos de las uvas blancas sobre maduradas. Y es que Eduard es así… ¡Puro instinto mediterráneo!
No puedo comentar nada de su nueva y “entremeliada” aventura vinícola porque faltaría a mi palabra de caballero, pero les anticipo que su radical idea ya la hicieron propia Varrón, Columela –siglos -I y I d.C.- y los cosecheros de la Sierra Cantabria riojana hace muchos, muchos años.
Como se adivina, mi visita a Bonastre bien valió la pena y visto lo visto, en grado sumo. Si además añadimos que se puede comer en casa de la bella Antonella, contemplando el bucólico entorno de Partida Creus y participar en el interior del pueblo con las sugerencias y audacias del joven Pié… Pues, anden y no se lo piensen más, acudan a Bonastre y participen de su alma de pueblo noble y del vino en el Baix Penedès. ¡¡Les aseguro que no les defraudará!!

Jesús VELACORACHO.


Octubre 2012


Nota: Bonastre en castellano podría traducirse por Bonachón. Aunque la lingüística lo derive de Oleastrum, a mí me gusta más la acepción primera.

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Última edición: 13 Nov 2012 @ 05:55 PM

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 29 de Septiembre del 2012 a las 12:12 PM 

Decía atinadamente, Don Antonio Machado, -nuestro sabio y dilecto poeta- que “es de necios confundir valor y precio”. Añado yo, -como desarrollo báquico del prosaico enunciado- que hay vinos que valen mucho más de lo que cuestan, y lo que es peor, vinos que -tristemente-, cuestan mucho más de lo que valen.
Como las modas –por ventura pasajeras- y los críticos, gurús, “fantasmas” y snobs –que son más difíciles de erradicar- quitan, cobran, ponen y mutan a su antojo los criterios de la calidad y excelencia de nuestros vinos, he decidido dedicarle un post a una bodega aún no contaminada por estas plagas, y que si bien es poco conocida, condensa la plenitud que se alcanza cuando lo que se hace, se hace bien.


Tienen en la bodega DG Viticultors, la curiosamente anómala y  singular condición de ser comercialmente casi unos desconocidos; disponiendo por el contrario, de un palmarés de vinos catalogados entre únicos y formidables. Porque de únicos podrían tasarse los espléndidos botrytis cinérea del Penedés  que tanto sorprenden a propios y extraños, y de formidables, los límpidos Pinot noir espumosos -el Rosé- y sus vinos tranquilos, blancos –Cinclus- y tintos –Merula-, que con pulcro esmero atesoran.
De extremada y exquisita rareza enológica, el Caligo de DG Viticultors, se emparenta con la alta aristocracia y  nobleza de los vinos del planeta. Los reverentes, antiguos y magiares Tokay, de las mansas colinas del lago Balatón; los soberbios beerenauslese de las soleadas laderas del Rhin; los muffa nobile de Orvieto en la Umbría de la Italia verde; y los principescos, caros y palaciegos Sauternes y Barsac bordeleses. Tampoco quedan, en calidad, a la zaga de los dulcemente botrytizados del Loira, del Saar y del Mosela, que con climas mucho más ariscos intentan atrapar en sus mohosos racimos de podredumbre noble, el sol -esquivo u obsequioso- con las matinales nieblas del otoño.
Tienen en DG Viticultors, dilecta afinidad y natural disposición por la altura, ya que todas las viñas de la heredad oscilan entre los 650 y 820 metros de elevación en el arisco y montaraz Penedés Superior. Las cepas, recias y desafiantes, medran y sobreviven allí, en Pontons, ancladas en los ásperos contrafuertes calcáreos de la cordillera prelitoral. Ni que decir tiene, que ésta confiere a la maduración de los racimos un plus de acidez, aromas y  frescura, ajenos por lo tanto, a la natural y acentuadamente precoz vendimia de la llanura penedesenca.
Confortan las matutinas y húmedas brumas otoñales con el tibio añadido del sol equinoccial, una sementera de viñedos atacados por la podredumbre noble, que en Sauternes serían legítimo orgullo y aquí son solemne sorpresa. Santa y dulce sorpresa para los expertos e iniciados, y errática y poco aparente cosecha para bordes e ignaros. Lo de siempre, problema de formación e información.
Disfruté, durante la presentación y cata en ciego para el barcelonés Círculo Ecuestre, del Caligo –sin duda la vedette de DG Viticultors- de un plácido y amable momento de gloria. Todos, absolutamente todos los asistentes, creyeron que bebían Sauternes. No es mal principio para tan poca andadura comercial como estimulante y  alto entusiasmo  profesional.
Ya metidos en faena, Pere Domenech y su cuñado Antonio García, como autenticas “alma mater” de tan codiciosa apuesta, propugnan los vinos de altura como hecho diferenciador al de sus rivales de la planicie. Y no se equivocan, el ADN de cada racimo proclama una condición organoléptica y un perfil sensorial propio de tierras más al norte, de latitudes mucho más septentrionales.
Añaden además, un personal y singular concepto creador tanto por plantaciones, varietales y vinificaciones -a todas luces diferentes-, que tiene como colofón final el clásico y original nombre en latín de sus más conspicuas creaciones. Tenemos así el Caligo que significa niebla densa y oscura. Aquella con que los húmedos otoños obsequian por la mañana los altos viñedos de la firma. Le sigue Cinclus que se traduce por el  tordo de agua, rechoncho, de plumaje negruzco con notas blancas; y el Merula o mirlo común, de plumaje negro brillante que califica a los negros merlots de altura,   aves de viñedo que picotean las dulces y maduras bayas del varietal al que en el Medoc prestaron su nombre.
Decía, por otra parte, Gabriele D´Annunzio, aquel dandi poeta, político y guerrero, que los dorados vinos de la noble podredumbre de su estimado muffati d´ Orvieto, eran el sol de Italia embotellado. Sin ser tan cursi y relamido como el bueno de Gaetano –ése era de verdad su nombre- tambien opino  que, ¿Cómo demonios habrán conseguido éstos de DG Viticultors meter el dulce y maduro sol de “tardor” del Penedés, en una botella?

Jesús VELACORACHO.
Septiembre 2012

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 29 Sep 2012 @ 06:40 PM

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Categorías: Bodegas, Hablamos de vino
 13 de Septiembre del 2012 a las 12:35 PM 

 

Bodegas Beronia ha sido consagrada con una puntuación de más de 90 puntoscinco de sus vinos riojanos, en la última edición de la guía de vinos estadounidense  The Wine Advocate dirigida por Robert Parker.

Los vinos a destacar han sido los de Beronia Selección 198 Barricas y del Tempranillo de Elaboración Especial 2009 con una suma de 92 puntos. Beronia III a.C. 2008 ha obtenido 91 puntos,  90 puntos por Beronia Gran Reserva 2004 y Beronia Reserva 2006.

 

La suma de esta calificación y la hazaña que lleva haciendo esta bodega, EE.UU. es sin duda alguna un referente donde la distribución elevada de estos vinos es una realidad. Gracias a esto, ha logrado situarse en el top 50 de Best Wine de The Wine Spectator (Mejores Vinos de la Revista El Vino) en estos dos últimos años y ha conseguido también ser el mejor vino de la D.O. Ca. Rioja.

González Byass es una bodega familiar fundada en el año 1835 la cual se dedica a la elaboración de vinos y brandies de Jerez. Conocidas marcas como el fino Tío Pepe, joyas enológicas como Noé o Apóstoles, o el brandy solera gran reserva Lepanto, han sido nombradas como una de las principales bodegas del mundo.

Hace más de 30 años que González Byass se ha convertido en una familia de bodegas, incorporando vinos de zonas míticas para poder representar fielmente la diversidad enológica de España. Bodegas Beronia –en Ollauri, La Rioja-, Cavas Vilarnau –en Sant Sadurní d’Anoia, Barcelona-, Finca Constancia – en Otero, Toledo-, Finca Moncloa –en Arcos de la Frontera, Cádiz- y Viñas del Vero –en el Somontano, Huesca-  son varios de los ejemplos de esta familia.

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Última edición: 01 Nov 2012 @ 11:35 PM

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 10 de Septiembre del 2012 a las 1:46 PM 

 

El pasado 7 de septiembre, Madrid, aconteció La Ruta del vino de Ribeiro. La ruta tuvo lugar por 12 establecimientos hosteleros de la capital, donde se acogieron degustaciones de las 18 bodegas participantes. Locales de barrios como Huertas, Retiro, Goya y La Latina fueron los elegidos para una participación masiva de público, el cual participo en degustaciones gratuitas y en conocer mejor estos vinos gracias a los tutoriales explicados por profesionales de la campaña.

 Se premió con regalos a los consumidores que completaron el ‘pasaje’ de esta ruta con el sello de tres establecimientos colaborantes, además se sortearon viajes al Ribeiro y otros premios a través de Facebook.

El objetivo principal de esta campaña ha sido el acercamiento de vinos al consumidor y el aumento del gremio hostelero madrileño con la incorporación de nuevas marcas.

Barcelona y Madrid son los principales mercados fuera de Galicia en venta de vino, ya que en esta última comunidad autónoma se hace el 80% de ventas totales de toda España.  Otro objetivo ha sido acercar y promocionar el fácil acceso a los pequeños y medianos productores con denominación, en las que abundan las pequeñas bodegas.

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Última edición: 23 Oct 2012 @ 02:00 PM

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 27 de Mayo del 2012 a las 9:38 PM 

He sido gentilmente invitado por el celler “Mas Bertran” a la “soirée” del barcelonés hotel Skipper, en cuya clara y mediterránea terraza se citaron para emparejarse, sus sedosos, chispeantes y espumosos, Balma y Argila, -nobles y penedesencos-, con los soberbios y principescos caviares de Adamas, de  italiana y también muy aristocrática condición.

Aunque puedo hablar larga y sobradamente sobre las virtudes de los espumosos antes citados, no me ocurre lo mismo -por culpa de una personal y más que evidente ignorancia- con las excelencias de tan epicúreo y singular partenaire. Confieso humildemente, que tan menguado conocimiento sobre el auténtico caviar -rey de los manjares- es el triste fruto de haberlo probado poco.

Unos blinis –tortitas tostadas, con yogurt ácido, cebollino y caviar- en el Astoria de San Petersburgo; unas salivantes ostras frescas coronadas de sebruga en “Le Normandie” de Deauville; unas tostadas de pan negro con mantequilla y caviar en el Hilton de Budapest; y unos huevos de codorniz fritos con la yema recogida por una tiara de beluga en Estambul; son el magro recorrido de mis contactos papilares con tan reconocida exquisitez. Poco bagaje para entender y mucho menos para pretender opinar.

Si es verdad aquello de que “lo cortés no quita lo valiente”, intentaré compensar mi poco avisada experiencia gustativa con una más que decorosa documentación sobre tan dilecto producto.

Es caviar palabra de tártaro y turquesco origen; que significaría en ambas lenguas –khavia y haviar respectivamente- lo mismo: huevas de pescado. Aunque haya quedado tal denominación para las, muy apreciadas y genéricas, huevas del esturión. No es ajena a esta circunstancia la abundancia de estos torpes, extraños, antediluvianos y cartilaginosos peces en los limpios y frescos ríos o claras aguas de  las orillas del Caspio, Negro y del Baikhal, otrora territorios de tribus y hordas túrquicas y mongoloides, que aprovecharon no solo las carnes del pez sino también la parte más sápida y golosa: sus huevas.

Conocido desde antiguo, –Ovidio llama en su Metamorfosis, al esturión, pez peregrino de las ondas; y Apuleyo en su Apología, esturión de Sorrento- no debió gozar de gran estima culinaria porque Apicius ni siquiera lo menciona en alguna de las más de cuatrocientas recetas de su “Re Coquinaria”. Tampoco lo recogen siglos más tarde, el apócrifo “Sent Soví”; “le Viandier” de Taillevent; “Lo llibre de coq” de Rupert de Nola; y el muy ilustrado y renacentista “Voluptate et valetudine” de Bartolomé Scappi “Platina”. Mejor suerte tuvo la referencia en castellano, puesto que Cervantes en el LIV capítulo de la 2ª parte de El Quijote, nos detalla un almuerzo campestre provisto, amén de otras fruslerías, de un manjar negro al que llaman cavial que son huevas de pescado que despiertan mucho la colambre, es decir, el apetito. Nada tendría de extraño su presencia en nuestros lares, puesto que en el Guadalquivir se pescaron, y salpresaron las huevas de los esturiones -aquí llamados sollos- hasta el último tercio del pasado siglo.

Al margen de los anecdóticos incidentes y mayestáticos rifirrafes entre Luis XV de Francia y el embajador del zar de todas las Rusias, a propósito del caviar; pasó éste sin pena ni gloria y con notable desacierto o desconocimiento general –incluso para el gran “Dictionaire de la cuisine” de Alejandro Dumas- por todo el dramático y alborotado siglo XIX. No fue hasta la primera veintena del pasado siglo, en que la aguda visión comercial de los exilados rusos blancos, aristocráticos y nobles, Petrossián, despertó el furor del apetito parisino por el caviar. Hasta entonces, excepto en la Rusia zarista, había sido alimento -más que manjar-, de humildes pescadores, “mujiks” y pecheros, desde la norteamericana bahía de Delaware hasta el Caspio.

Como quiera que nuestro cremonense y padano caviar Adamas, nada tiene que ver ni que envidiar, a los arrogantes pero ya tristemente esquilmados caviares rusos, ni a las huevas altamente capciosas y preocupantes –y yo me entiendo- de los teleósteos iraníes, paso a disfrutar del maridaje y armonía de nuestro más reconocido y laureado espumoso, y de su entorno.

 

Convendrán conmigo todos los que asistieron a la velada del hotel Pullman Skipper de Barcelona, en reconocer la conseguida sinergia y atinada armonía concertadas entre el caviar de Adamas; los cavas de Mas Bertran; y la luminosa terraza que acogió el evento. El dorado skyline de la puesta de sol cayendo sobre Barcelona fue el decorado añadido y justo colofón cromático a tan distinguida fiesta.

Descubrir a estas alturas las virtudes organolépticas de la Balma o el Argila Xarel-lo, -cavas de sobra reconocidos y consolidados- son ganas de redundar en la excelencia. La sorpresa -no por esperada menos gratificante- fue la exitosa revelación del Argila Rosé; un espumoso monovarietal de Sumoll de cepas sexagenarias, vinificado casi en “blanc de blancs”, con  iridiscentes destellos rosáceos, que enamoró al personal y sobretodo al femenino. Sin duda, su ligero y brillante color rubí; su acidez golosa y contenida; y su nervio fresco y chispeante lo convirtieron en la dilecta estrella de la tarde.

 

Por otra parte, Sergio  Nannini, el delegado -oficiante y mentor- de Matteo Giovannini, propietario y alma mater del cremonense proyecto Salmo–Pan, la empresa que ha conseguido reintroducir el esturión en las frescas y padanas aguas del río Tormo, nos detallaba las bondades de su excelente caviar. Y de la  más que evidente muestra de sus bondades podemos hablar, por el torbellino de gente que disipaba voraz y pertinazmente las bandejas de blinis o las cucharaditas de oscietra naccari que, en volandas y diligentes, servían los camareros.

Tienen ambas empresas, el celler “Mas Bertran” y caviar Adamas, notables puntos de encuentro y comunión: Son  las dos de reciente creación; las gobierna gente joven; el entusiasmo es su norte y mejorar en todos los ámbitos, su estímulo; tienen en el respeto a la naturaleza y su entorno, su  vademécum y guía; y las dos persiguen instalarse a perpetuidad en la excelencia.  Sin duda, una soberbia declaración de intenciones que las familias Carbó y Ventura de un lado, y Giovannini de otro se afanan y esmeran en cumplir a rajatabla. Son sin duda, y por muchos motivos, tal para cual. Sé que el tiempo, que a todos pone en su sitio, me dará la razón. El empuje continuado y sin desmayo siempre acaba venciendo;  y estas gentes empujan y lo que hacen, lo hacen bien: ¡¡primera premisa para alcanzar el éxito!!

Acabo el post, perifraseando el eslogan de la tarjeta de presentación de Roser Carbó, la inquieta promotora de la sibarítica velada… ¡¡Y es que sólo cuando la naturaleza se alía con la pasión, se alcanza el compromiso con la excelencia!!

Nota: Me juego lo que quieran –y yo pueda- de que esto que ahora les anticipo será, sin duda, objetivo alcanzable y premonitorio.

 

Jesús Velacoracho.

Mayo 2012.

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 27 May 2012 @ 10:08 PM

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Categorías: Bodegas, Eventos
 19 de Marzo del 2012 a las 9:18 AM 

La cruceta del pararrayos que colmata, en su torrezuela, la mansión de Can  Feixes, separa los límites topográficos entre el Penedés y el Anoia. Contempla al tiempo, los agudos y cetrinos cipreses, que con su altiva y severa estampa bordean y custodian la casa. Tan espigado árbol confiere al recoleto conjunto un ambiente aristocrático y señorial; de porte clásico y sereno; casi, casi de villa toscana. No es ajeno al acierto estético, el atildado tono siena, los frescos  y el artístico esgrafiado de 1946 de Ferrán Serra i Sala, que a trechos ennoblecen los lienzos de los muros exteriores. Mientras, por encima de los viejos bancales y los hoscos terraplenes abiertos a los viñedos que circundan la heredad, las tupidas pinedas emboscadas se adentran y espesan, conformando el contrafuerte que avista  la ya cercana serrezuela prelitoral.

El bucólico emplazamiento de  esta antañona heredad y sus prendas, no debió pasar desapercibido a la profunda romanización colonial que hace 2000 años enseñoreó estos pagos. De hecho, su estratégica concepción parece vinculada a los “fundis” o “domus rusticae” con “cella vinaria” del imperio tardo-romano en territorio cosetano. Más y mejor documentada está la Edad Media,  ya que nos informa de la presencia en la heredad de un tal Jaume Feixes, en los años crepusculares del siglo XIV; bajo los auspicios de la Baronía de Cabrera, en los oscuros tiempos del rey Martín El Humano.

La saga de los Feixes, ininterrumpida durante más de cinco siglos, se trunca en 1904 con la muerte de Teresa Feixes, que deja como heredero a su hijo Eduard Sunyer. Las sañudas tribulaciones de la Guerra Civil conducen la propiedad a manos de la familia Huguet, hacia 1940, siendo el abuelo Josep y sobretodo su hijo Josep Mª, el mentor y alma mater del rumbo a la excelencia que la casa emprende, como singladura, durante su gobierno.

La territorial magnificencia del enclave de la heredad, comprende 342 Ha de las que 80 son de viñas. Las castas blancas autóctonas Macabeu, Xarel-lo, Parellada y Malvasía y la foránea pero bien aclimatada Chardonnay, se alternan con los clásicos varietales negros: la golosa y amable Tempranillo, la ubicua Merlot, la caliginosa Cabernet, la huraña Pinot Noir y la todavía  aspirante pero esperanzadora Petit Verdot. Un magnífico manantial del mejor mosto, suficiente para las 250.000 botellas que la firma elabora cada año.

La fama y reconocimiento indiscutido que disfrutan en el Penedés los vinos de Can Feixes, se funden y amalgaman con tres  constantes inmutables. De un lado, la magnífica disposición de altura, climática y edafológica de la heredad; de otro, la óptima, inveterada y famosa calidad de las uvas de sus cuidados viñedos; y por último del atinado saber hacer de los hermanos Huguet: Joan; Josep Mª y Xavier.

Conozco, de forma colateral, la historia próxima de esta familia. Su origen remoto vinculado a Piera; su mutación de antiguos constructores a hacendados payeses iniciáticos… y después, el desbordado entusiasmo por la tierra que con tanto mimo cultivan, más el riguroso compromiso que mantienen con el vino bien concebido y mejor resuelto.

Descubrí los vinos de Can Feixes hace casi treinta años en La Nansa,  figón ilustrado de los Rafecas de Sitges, originarios de Piera también. Uno de esos recomendables restaurantes de toda la vida que, de alguna manera, comparten la filosofía y el ADN conceptual de la mentada bodega. Tal para cual.

Legitimados por el devenir histórico de la firma y su contrastada calidad como elaboradores, los Huguet -desde 1984- embotellan los vinos blancos y tintos tranquilos con el locativo de Can Feixes, dejando la identificación del apellido Huguet para los cavas. Ni que decir tiene que cualquier vino que ostente los membretes citados, es motivo de acierto y atinada referencia.

Concitan los blancos de Can Feixes, las expectativas de finura y sobria elegancia, que la fresca altitud y el amparo de la sombra lueñe y azul de Montserrat les deparan. Sin duda, uno de los más cabales referentes de la DO. Penedés. No le van a la zaga los tintos, profundos, aristocráticos y caliginosos, que huyen de la rústica y villana zalamería instalada en la, a menudo, borde concurrencia de los anodinos vinos de la plana. Los cavas Huguet, equilibrados, nobles y diáfanos, ponen dilecto y chispeante  colofón al acervo enológico de la casa.

Comparto con la sañuda crítica del sector, la brillante armonía general de los vinos interpretados. Todos sus caldos… blancos jóvenes, tintos de crianza o reserva y los cavas frescos y elegantes  tienen o aspiran a  mantener un apretado compromiso con la excelencia. Ninguno se envilece o descarrila. ¡Acierto siempre, apuesta segura!

Sostengo, por otra parte, que el telurismo mineral que acompaña a la reserva especial 2005 -coupage de Cabernet y Merlot que he catado recientemente- anuncia ya, un orientado y evidente canon de estilo. Sin duda, una apuesta audaz, singular y propia; de “terroir”, diferenciadora…próxima al ideario de un “chateau” bordelés.

Como quiera que la incardinación geográfica de la hacienda de Can Feixes es de fácil acceso –carretera nueva entre Vilafranca e Igualada, salida hacia Cabrera/Canaletes-, sugiero a todos aquellos que tengan curiosidad por conocer el enclave de una masía/bodega espléndidas y unos vinos singulares y sorprendentes, que visite a los Huguet de Can Feixes.  Merece la pena. No les defraudarán, ¡se lo aseguro!

Jesús Velacoracho.

Febrero 2012.

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 20 Mar 2012 @ 06:21 PM

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Categorías: Bodegas
 09 de Febrero del 2012 a las 7:49 PM 

·Nombre completo: Josep Pascual Puig

·Edad: 40

· Ciudad de nacimiento: En el pueblo de Puigmoltó, en el municipio de Sant Pere de Ribes

·Ciudad actual: Sant Pere de Ribes

· ¿Que te lleva al mundo de la enología?

Procedo de familia vinculada a la agricultura. Mis abuelos eran propietarios y agricultores de importantes extensiones de viña en el pueblo de Puigmoltó, en Sant Pere de Ribes, por lo que la viña es un terreno que he pisado desde toda la vida.

El hecho de no ser el heredero de estas propiedades, que han pasado a manos de un primo mío, me llevó a distanciarme un poco, escogí como formación de base la ingeniería Química, que reconduje más tarde hacia la enología, realizando un Máster en Viticultura y Enología y un proyecto final de carrera en el INCAVI de Vilafranca del Penedés. Esto también fue, en parte, gracias a mi suegro, o el que sería posteriormente mi suegro, que me inició en el mundo del cava, del que tenía una pequeña bodega de elaboración.

· ¿Cuando comienzas en él?

Mi verdadero inicio en la enología está en esta pequeña bodega de elaboración de cava, del que sería después mi suegro, con 17 o 18 años, paralelamente a los estudios de la carrera de ingeniería química.

· ¿Formación?

  • Ingeniería Técnica Industrial Especialidad Química Industrial

Proyecto Final de Carrera (desarrollado en el período de un año y medio en colaboración con el INCAVI, en sus instalaciones de Vilafranca del Penedés):

Estudio de las propiedades Físico-Químicas y sensoriales de ocho muestras de vinos base rosados para la determinación de su aptitud como vinos base para cava.

  • Máster en Viticultura y Enología 

· ¿Cuando comienzas al frente de este proyecto con la Fundación?

Después de un largo período de 15 años en otros sectores de actividad industrial, no vinculados al sector vitivinícola, en los que había desarrollado funciones de producción, calidad, seguridad, etc., hasta llegar a funciones directivas, necesitaba un cambio de registro, y mi prioridad era seguir desarrollando mi carrera en el campo del vino, que me motivaba mucho más que lo que había hecho hasta el momento.

En abril de 2007, a través de mi hermano, también enólogo, me surgió la oportunidad de entrar a formar parte de la Fundación Hospital Sant Joan Baptista, la cual había prescindido de los servicios de la persona que gestionaba su bodega de elaboración de vinos de Malvasía de Sitges unos meses antes, y buscaban una persona que, además de elaborar los vinos tuviese capacidad de gestión, digamos, empresarial, ya que la bodega es una entidad independiente dentro de la Fundación y se debe gestionar a parte del resto de actividades que la componen, y además, la bodega se encontraba en un estado bastante precario.

Empecé a tiempo parcial, compaginando el trabajo en la bodega de la Fundación con la de Director Industrial en la otra empresa donde estaba, durante 3 años y medio, hasta diciembre de 2010, cuando debido a la jubilación del que entonces era el Gerente de la Fundación, la Junta del Patronato me ofreció la posibilidad de asumir las funciones de esta persona pasando a integrarme ya al 100% a la Fundación a partir del 1 de enero de 2011.

· ¿Cuales son tus funciones en la Fundación?

Asumo las funciones de Director de Recursos de la Fundación (antiguo Gerente), siendo el responsable de la gestión económica y financiera de la institución, la gestión del patrimonio inmobiliario y cultural, los recursos humanos, y la gestión de la bodega, siguiendo en la función de director técnico, como venía haciendo desde 2007.

· ¿Filosofía de trabajo?

Mi filosofía en el trabajo es, sobre todo, el amor por lo que haces. Querer la tierra, la viña y cada uno de tus vinos de la misma manera que quieres a tus padres, a tu pareja o a tus hijos. Solo así conseguirás hacer bien tu trabajo y transmitir lo que sientes en él.

A su vez esto, debe ir acompañado de dedicación y constancia.

Finalmente, o mejor dicho, paralelamente, tengo muy claro que este trabajo, como la mayoría de ellos, se basa en el trabajo en equipo. En este campo debes rodearte de buenos profesionales y buenas personas, que crean en lo mismo que tú, sumar esfuerzos y provocar sinergias.

·  ¿Tu inspiración?

En mi proyecto actual, la Malvasía de Sitges, la inspiración empieza en la propia historia de esta variedad, su llegada de Grecia y su arraigo en nuestro país. Me motiva el poder explicar un poco de esta historia en cada botella.

A su vez, me inspira la propia variedad, el saber sacar de ella todo el potencial y calidad intrínseca que posee, conseguir mostrar en los vinos la expresión del territorio donde está arraigada, el Garraf, sus aromas, la mineralidad, la potencia, el vigor…

· ¿Que sientes cuando una nueva añada sale al mercado?

Tranquilidad. Paz interior. Cuando ponemos una nueva añada en el mercado es porque sé que el trabajo está hecho, y está bien hecho.

· ¿Una virtud tuya? El trabajo, la constancia.

· ¿Un defecto? El perfeccionismo. Mi lema es: las cosas o se hacen bien, o no se hacen.

· ¿Un enólogo? Joan Milà, de Mas Comtal.

· ¿Un vino?

Cualquier vino. Blanco, tinto o rosado, tranquilo o espumoso, dulce o seco, joven o con crianza, caro o barato, pero que sea honesto, que no engañe, que se muestre tal como es y no se quiera hacer pasar por lo que no es.

· ¿Un libro?

El Celler (la bodega), de Noah Gordon, por el retrato que hace de la historia de la viticultura de nuestro país.

· ¿Un maridaje?

Me gustó mucho un maridaje que hicimos en 2010 en el restaurant la Premsa, de Sant Pere de Ribes, donde se maridaron 5 vinos elaborados, todos ellos, 100% con Malvasía de Sitges, todos ellos diferentes, elaborados a través de  5 procesos enológicos también diferentes, maridados con 5 platos elaborados con chocolate, o mejor dicho, que tenían como ingrediente común el chocolate, elaborados por 5 cocineros de diversas procedencias. Espectacular.

· ¿Hacia dónde vas y que público te diriges?

Considero que la Malvasía de Sitges todavía no ha mostrado todo el potencial que tiene, y mi camino va en la dirección de saber extraerlo. Creo que todavía se puede mejorar en los productos actuales y seguir experimentando con la variedad para obtener nuevos productos de calidad de ella.

Somos conscientes que nuestros productos, la mayoría, no son de gran consumo, como las Malvasías Dulce y Seca, por ejemplo, por eso nos dirigimos a un público ya un poco experimentado, que sepa apreciar la calidad y la singularidad de nuestros vinos.

También creo que nuestros vinos son capaces de despertar la curiosidad de los consumidores noveles, por esta singularidad que ofrecen.

· ¿Cómo va la  venta de la Malvasía en tiempos de crisis?

No nos podemos quejar, que se suele decir.

Dentro de este contexto de crisis, me atrevería a decir, profunda, para el sector del vino, nuestra bodega ha conseguido casi triplicar las ventas en los últimos 3 años. Somos una bodega muy pequeña, y puede que, en número de botellas, no tengamos cifras espectaculares, pero consideramos que tener esta evolución en unos momentos tan complicados es que, como mínimo, estemos haciendo bien las cosas, y el mercado no solo nos acepta, si no que nos reclama!

De todas maneras, el final de 2011 sobretodo, ha sido muy duro, y se ha frenado mucho la venta. Aún nos queda mucho trabajo por hacer, y lo haremos para seguir evolucionando y mejorando.

 Susana Jovani

Publicado por: VINO Y MUCHO MAS
Última edición: 10 Feb 2012 @ 07:10 PM

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Categorías: Bodegas, Hablamos de vino
 18 de Enero del 2012 a las 12:35 PM 

He catado, al tibio sol de invierno de este frío pero luminoso Enero, los atrevidos y singulares vinos del proyecto “Gran angular”  del Mas Comtal. Son éstos, sin duda, la novedosa avanzada -conceptual y técnica- de tan recia y tradicional casa en el revolucionario mundo de las vanguardias vitícolas y enológicas.

La antigua “mutatio” y “domus rústica” romana que contempló incólume, -al socaire de su arco tinelario-, el tránsito de la vía Augusta entre las “mansios” de Antistiana y Ad Fines Rubricatus, de hace más dos mil años… y que devino después en la muy codiciada propiedad del firme e impetuoso “comte Sunyer I”, -tras la zozobra y los primeros envites de la reconquista cristiana, allá por el proceloso y remoto siglo X-, encabeza un esforzado reto báquico tan audaz como comprometido e interesante.

 Consiguió esta firma, -adelantándose a su tiempo-, con la aclimatada implantación en sus tierras de la Merlot, y vinificándola con acierto y osadía, el atinado éxito de componer uno de los primeros y mejores rosados hispanos de la cepa bordelesa… Además de éste, el Mas Comtal interpretó siempre una respetuosa constelación de incontestados aciertos. Como algunos de sus proteicos vinos de Xarel-lo y Chardonnay, beneficiándose en reposo, de la autolisis de sus lías. ¿Quien sabe si de paso, atinó sobremanera, con los complejos y delicuescentes espumosos que concitan y estrechan lazos con el Champagne? ¿O fueron,  tal vez, los frizzantes y rosados vinos de aguja que invitan al amable hedonismo y a la autocomplacencia del muscat de Hamburgo? ¿O los  vinos dulces naturales en permanente guiño con el más sañudo y telúrico de los Oportos? ¡¡O…a la equilibrada acidez y aroma, además de la marcada finura y la sutil elegancia desprendida de sus soberbios Incrocio Manzoni!!

Fue Luigi Manzoni, -en los años 30 del pasado siglo- profesor de la escuela de enología de Treviso y creador del cruce experimental que lleva su nombre.  Lo obtuvo a partir del Riesling renano y de la recientemente aislada, por entonces -y por lo tanto casi desconocida-, la opulenta, grasa y rotunda: Pinot blanc.

Supongo que la tremenda capacidad de acomodo y la versátil aclimatación de esta cepa, -septentrional y fría-, a todos los territorios edafológicos y enotriales, no pasó -algunos años más tarde- desapercibida a los conocedores. Lo que motivó a los hermanos, Albert y Joan  Milá, a dedicarle, de esta guisa, una párvula parcela del Mas Comtal y un poco de su tiempo para la investigación. Ambas decisiones fueron coherentes con el espíritu de la casa  y notablemente afortunadas.

Son sus logrados Incrocio Manzoni, vinos a tener en cuenta en el, a menudo anodino, mundo de los repetitivos e intrascendentes blancos del Penedés. Sus credenciales organolépticas son, definitivamente, otra historia.

Emparentadas con las grandes cepas alpinas, el Incrocio esconde en sus vinos el poderío de sus genes germanos, alsacianos y suizos, matizados por el terruño y el clima mediterráneo de donde ahora son huéspedes y cómplices. Con todo, su marcado temperamento centroeuropeo es claramente abrumador, palpitante, más que evidente.

La Riesling y Gewurstraminer del Rhin y del Alto Adigio, los réticos vinos de Virgilio en la Valtellina, la Muller-thurgau del Valais, los costaneros y aterrazados viñedos de Sabagnin y Viognier de los lagos Leman y Constanza, y las serenas y bucólicas viñas contemplando la mansedumbre del Danubio en los parajes de Wachau, en la Baja Austria donde el Nikolaihof de la Grüner Valtliner  se enseñorea y medra, son los frescos y varietales parientes directos de nuestro curioso Incrocio Manzoni.

No menos curioso resulta el devenir de la  antiquísima bodega de la austriaca familia Saahs, que como el Mas Comtal se remonta a la época de los romanos y que debió ser una “cella Vinaria” o “tabernae” de la vía romana que bordeaba el Danubio. Como curiosísimo resulta el notable parecido de su vino más genuino, el Nikolaihof Hefeabzug, con el coupage Chardonnay-Manzoni que firma el enólogo Miquel Madall para la firma penedesenca. Será seguramente algún milagro del muy dilecto San Severino, patrón del vino, de los viñedos y muy particularmente de los centroeuropeos y austriacos de los que estoy hablando.

Sabemos por los refranes, que “todos los caminos conducen a Roma”. Si le añadimos el de que “con pan y vino se anda el camino”, habremos despejado alguno de los misterios de la caminería báquica e histórica de nuestra vieja EuropaY no hay mejor modo de celebrarlo que, como diría Gonzalo de Berceo, “con un vaso de bon vino”.

 

Jesús VELACORACHO.

Enero  2012.

 

Nota: Agradezco a Marta Milá y Assun Domenech, del Mas Comtal, que soportaron -pacientes y estoicas- la monumental “paliza” que sobre la historia de la Vía Augusta, y los condes del Casal de Barcelona tuvieron que sufrir, a propósito de este post.

 

Publicado por: EL RINCON DE JESUS
Última edición: 18 Ene 2012 @ 07:53 PM

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Categorías: Bodegas, Hablamos de vino

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