Otoño..mmm!!! Atardeceres rojizos, aire fresquito, noches largas. Nos volvemos un poco OSOS, por aquello de la pereza, el sueño, el letargo emocional… y los hábitos en la comida se modifican: el cuerpo nos pide más sólidos, energía, para contrarrestar el frio del invierno que se anuncia con las hojas amarillas, rojas y marrones de nuestros paisajes.
Es tiempo de saborear los bienes de nuestros frutos madurados al sol del verano: los higos secos, las castañas, las avellanas, las almendras, las uvas, las naranjas….con todo ello elaboramos manjares tan básicos y sencillos como apasionantes.
Las uvas nos aportan deliciosos vinos entre ellos los dulces…mmm. Se me antoja una sobremesa larga en compañía de seres queridos con los que no nos hemos visto en todo el verano. Si, explicarnos sin prisas todo aquello que cada uno ha podido hacer en el tiempo del merecido descanso laboral veraniego.
Sin más, les llamo y nos vemos una noche en casa, ya tarde. Ellos traen la cena, yo pongo la sobremesa, claro. “Nos pones algo nuevo de lo tuyo” me dicen.
En Sitges tenemos un vino dulce elaborado casi caseramente (por la reducidísima producción) llamado Malvasía, tan suave como un concierto de violín en allegro de Bach. Una bebida perfecta para una ocasión como esta, por cierto, esta música me va pintada.
En casa (bien, en nuestro obrador, que para mi decir: en casa, es decir en nuestro obrador o tienda porque, es eso, mi casa) con esta Malvasía, hacemos una reducción y con el sirope resultante elaboramos unas trufas de chocolate que se funden en la boca, pequeñas, espolvoreadas con azúcar glass. Es como nuestra pequeña Villa, discreta pero única. Un pequeño paraíso. Esta no me perdonan que no esté presente. Ya es un clásico.
Me encanta ver la cara de aquel que la prueba por primera vez..los ojos, la expresión de su cara y el movimiento de todo su cuerpo estremeciéndose. ¡Qué bonito ver estos pequeños pero pletóricos placeres!
Con toda esta suavidad tenemos tiempo de recrearnos en los detalles de nuestras vivencias y potenciar las emociones de felicidad.
Para aquellos que les van las experiencias fuertes, pondremos unos higos secos recién llegados y sublimes. Después de almibararlos, los rellenamos de trufa ligera y les bañamos de cobertura de chocolate negro…¡¡una bomba!! Algo impresionantemente perfecto. Cuanto más grandes, mejor. Se te llena la boca de chocolate y explota un sinfín de sensaciones apasionantes.
Para los más dulzones les pondremos unos Marrón Glasé, que las castañas son muy ricas en potasio y ahora están en su punto. Con la Malvasía están muy ricos.
Bien creo que solo me queda poner la mesa, unas velas (también anti mosquitos, que son terribles) y recibirles con los brazos abiertos. La noche será larga y promete con sus maletas de recuerdos viajeros. El mar será nuestro compañero en el horizonte, un mantel francés que una buena amiga me regalo y unos vasitos modernistas para la Malvasía serán un lazo para un regalo que nos hacemos. La vida es bella. Salud.
Maria Matarromero